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 Editoriales: Octubre 2002, ¿Qué se pretende de los docentes?  

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¿QUÉ SE PRETENDE DE LOS DOCENTES?

En el editorial del mes pasado hablábamos de la necesidad de realizar una necesaria autocrítica ante la avasallante realidad que estamos viviendo los docentes. Este mes, reflexionaremos desde un punto de vista opuesto al anterior.

Varias veces nos hemos referido desde esta columna a los imaginarios equivocados de amplios sectores de nuestra sociedad acerca del trabajo docente. Los docentes somos blanco de acusaciones de diverso tenor como el tema de las vacaciones, que somos los únicos que tenemos trabajo seguro, que la pasamos bien, que somos unos vagos, que no nos capacitamos. A esto hay que sumarle el ataque frontal de los políticos y economistas que con sus leyes y resoluciones minan permanentemente el trabajo educativo.

Entonces nos preguntamos ¿qué se pretende de los docentes? El trabajo docente es, antes que otra cosa, mental y el cansancio mental es peor que el físico. Si las condiciones de trabajo no son apropiadas, es lógico que tengamos graves problemas de salud. El estrés hace estragos en nuestra humanidad y parece que nadie se hace cargo.

En la actualidad, un docente pasa más tiempo con niños ajenos que con sus propios hijos. Está expuesto en forma permanente a la posibilidad de contagiarse de cualquier enfermedad, desde un resfriado hasta meningitis.

Los docentes debemos realizar un amplio abanico de actividades, todas al mismo tiempo tomando resoluciones en forma inmediata cuyas consecuencias nos podrían arruinar la vida entera y la de nuestra familia.

Se nos exige capacitación permanente ¿cuándo, en qué momento? Una maestra que tiene turno mañana y tarde, llega a la casa y debe atender a su familia; planchar, lavar, cocinar, limpiar la casa, atender a sus hijos y a su marido, etc. Si se trata del sexo masculino el tema quizá pase más por la preocupación de poder llevar a su hogar el sustento necesario; pero para ello debe tener ocupados los turnos mañana, tarde y noche porque de lo contrario, su salario no permitiría ni siquiera pagar los impuestos. Además, también es un ser humano y tiene necesidad del afecto de su familia ¿a las 2 de la mañana?

Los fines de semana los docentes corregimos. En las vacaciones ordenamos papeles y leemos-estudiamos lo que no hemos podido actualizar durante el ciclo escolar; escribimos los apuntes, armamos las actividades a desarrollar durante el año... ¡¿cuándo vamos a tener vacaciones "en serio"?!

Las condiciones laborales son paupérrimas. Hay escuelas que se caen a pedazos; pizarrones con tiza que no sólo arruinan la ropa (que se compra el mismo docente) sino que provoca enfermedades de las vías respiratorias muy difíciles de resolver; alumnos conflictivos y violentos en un ciclo social que se está profundizando hasta tener que catalogar a varias escuelas como "zona desfavorable", eufemismo que esconde una afirmación por demás alarmante: "Docente en peligro de vida".

Podríamos ampliar la lista, hacerla interminable y cansadora por lo abrumante de las malas condiciones actuales. Pero el objetivo de este editorial, no es nada más que dejar constancia de la situación "dantesca" por la que se le exige a los docentes mucho más de lo que una persona puede dar. Señores políticos, representantes, técnicos del Banco Mundial... Por favor, a ver si algún día "se ponen las pilas" y se dejan de arruinarnos la vida. Seguramente, si un docente tuviera el poder jamás haría las barbaridades que ustedes nos hacen ¿saben por qué? PORQUE LOS DOCENTES SOMOS SERES HUMANOS ¿se entiende?

Saludos.

Federico Martín Maglio - octubre 2002