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 Editoriales: Julio de 2003, La Catástrofe Educativa  

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LA CATÁSTROFE EDUCATIVA

 

Recientemente se dio a conocer el resultado de un estudio de la UNESCO sobre la calidad educativa en 41 países y la República Argentina figura en los últimos lugares. La edad de los alumnos diagnosticados es de 15 años. Algunas de sus conclusiones revelaron que el 44 % de los alumnos no comprende textos simples y estamos en el puesto 33. En ciencias, figuramos en el puesto 37. En matemática, en el puesto 34.

Las causas son varias y todas están relacionadas entre sí. En los últimos 10 años se ha bajado el presupuesto y ha aumentado la cantidad de alumnos. La escuela dejó de ser un lugar de enseñanza y aprendizaje para pasar a ser una institución contenedora (por ejemplo, los padres envían a sus hijos a las escuelas porque allí se da comer). Baja de la calidad de vida de los docentes que fueron empujados debajo de la línea de pobreza. Capacitación de los docentes que es deficiente en algunos ciclos e inexistente en otros. Crisis económica, social y cultural que produce, en amplios sectores de la población, una degradación nunca vista en cuanto a qué lugar ocupa la educación en la escala de valores familiares y una relativización de los demás que asusta. Toma de decisiones en educación contrarias a toda razón, como la implementación de la Ley Federal de Educación. Las mismas fueron calladamente aceptadas por la sociedad que cínicamente atacó y hasta ridiculizó las voces que advirtieron lo que iba a suceder.

Estos resultados, acompañados por otros estudios dados a conocer en los primeros meses de este año 2003, confirman a todas luces que estamos en una situación de catástrofe o tragedia educativa, como la bautizara años atrás Guillermo Jaim Etcheverry, actual rector de la Universidad de Buenos Aires. Los procesos de exclusión y marginación se están profundizando a pasos acelerados y la escuela es utilizada políticamente para que ello suceda. ¿Será parte de la excusa para su municipalización y luego su privatización encubierta?

Hoy la escuela como institución no cumple sus funciones básicas y esenciales; no transmite conocimiento y tampoco enseña procedimientos ni actitudes, salvo muy raras excepciones. A esta situación se le deben sumar los siguientes factores: 1) Crisis de valores en la sociedad; la mayoría de las familias no acompaña en los procesos de enseñanza ni de aprendizaje. Sus urgencias son otras, como las de conseguir algo de alimento para la cena y trabajo. 2) Crisis económica, tanto del Estado como de las familias que repercute en una alarmante ausencia de material de estudio en las aulas. Del aire no se puede aprender. 3) Políticos que toman decisiones según los proyectos del Banco Mundial con el fin de recibir créditos que terminan en una cuenta en Suiza o en las islas del Caribe y que toda la sociedad debe pagar. Estos organismos internacionales no buscan mejorar la educación sino empeorarla para que no seamos competitivos internacionalmente y así ellos se aseguran el monopolio y control económico del planeta. Porque, tengamos presente, estos proyectos “educativos” son los mismos que se intentan implementar en toda América latina, África y varios países de Asia.

Los culpables de la catástrofe tienen nombre y apellido. No se puede experimentar con la educación ni utilizar a la escuela como variable política de sectores que la utilizan para su propio provecho personal; estas prácticas están hipotecando el futuro. Acá hay culpables y deben pagar por lo que hicieron. Y también hay que hacer una autocrítica por parte de los docentes porque muchos acompañaron callada y sumisamente este engendro, la Ley Federal de Educación, que contraría los más elementales principios educativos que un educador no puede desconocer, y si los desconoce, que se dedique a otra cosa o se ponga a estudiar en serio, no en esos “cursos” y “licenciatruchas” para juntar puntaje, sentarse en un cargo directivo y salirse del aula porque no aguantan a sus alumnos.

Lamentablemente, este es un país de exitistas, somos tremendamente exitistas y "snobistas" que salimos a "estar a la moda" a la primera campaña publicitaria sólo "porque es lo último". No se reciben las cosas con espíritu crítico, se abraza cualquier barrabasada con ciego fanatismo. A esto, debemos agregarle que muchas personas ligadas al ámbito educativo aceptaron y se encolumnaron detrás de políticos que llevaron adelante la Ley Federal de Educación no con el objetivo de mejorarla, sino de engancharse en algún puestito o simplemente salir en los diarios.

El resultado de las evaluaciones internacionales refleja el alto grado de crisis de nuestra sociedad. Políticos, padres, docentes y ciudadanos. Todos culpables y son muy pocos los que tienen la frente bien alta porque jamás transaron con este modelo al que siempre denunciaron. Llegó el momento de hacer un corte. Las condiciones están dadas para ello. Ya no quedan argumentos para defender lo indefendible. Es hora de rescatar todas las ideas, proyectos y contra-propuestas realizadas desde el II Congreso Pedagógico Nacional o, mejor aún, realizar uno nuevo; pero si se realiza, que no sea cajoneado como el anterior (1987). Es necesario construir un nuevo proyecto de país y, a partir del mismo, un proyecto educativo serio. Depende de toda la sociedad que los culpables de la actual catástrofe no participen y paguen por lo que hicieron.

Federico Martín Maglio, julio de 2003