FMM
EDUCACIÓN

República Argentina - Buenos Aires - San Nicolás
Educación, política, economía, historia, libros, nuevas tecnologías

Usted está en...

 Editoriales: Febrero de 2004, Sigue el Desquicio en la Educación  

Presentación

Inicio
Mi currículum
Editoriales
Mapa de este sitio
Novedades del sitio
Mi portal
Mi bitácora
Mis cátedras
Premios
Bromas de mis alumnos

Secciones

Alumnos
Humor educativo
Informática
Nuevas Tecnologías
Materiales para el aula
Escritos
Biblioteca Digital
Pedagogía
Proyectos
O.N.U.

Historia

Historia
Documentos
Notas
Un paseo por...

Recursos

Notas
Const. América latina
Documentos
Películas y Series
Educación especial
Esq. conceptuales
Frases célebres
Papelería
Presentaciones
Videos

Sistema Educativo

Entrada en la sección
Represent. docente
Leyes de Educación
Informes sobre Educ.
Docum. curriculares
Banco Mundial
Pol. educ. en Argentina
II Cong. Ped. Nacional
Críticas al sistema
Univ., Ciencia y Tec.
Provincia de Bs. As.

Comunicación

Enlaces
Contácteme

 

SIGUE EL DESQUICIO EN LA EDUCACIÓN

En la historia de Argentina y quizá de toda Latinoamérica, la escuela fue muy importante para facilitar el mejoramiento social y el desarrollo personal de amplios sectores de la población en el contexto de la sociedad capitalista.

A partir de las reformas educativas de la década de 1990 el panorama cambió sustancialmente. Se le dio importancia a todo lo nuevo bajo el paradigma de la innovación. Un grave problema es que se desconoció todo lo que la institución escuela hizo y produjo en lo cultural y social. Se desvirtuó su función primigenia, se desprofesionalizó al docente quitándole importancia a su saber y a su nivel de vida empujándolo bajo la línea de pobreza y entra en crisis el cómo enseñar ya que los “nuevos discursos” hicieron hincapié en el facilismo, la diversión y hasta la improcedencia de la evaluación. Si un alumno no aprendía, siempre la culpa era del docente y se negaba el contexto socio-económico y cultural imperante. En este marco hemos visto cómo saberes complejos producidos y a distribuir desaparecían de la escuela y se suplantaban por actividades de contención y recreación. ¿Por qué? Respuestas hay muchas, pero podemos afirmar que una de sus causas es que los planes político-económicos adoptados siempre tuvieron como mira el destruir los aparatos productivos secundarios, cuaternarios y todo lo relacionado con la producción de conocimiento y tecnología. La escuela, en este contexto, no tiene más la función de enseñar contenidos ni formar ya que las nuevas tecnologías deben ser monopolizadas por los países del hemisferio norte; ya ni se habla de la producción de conocimiento en prácticamente ningún nivel.

Se hizo de la transformación una religión que no aceptaba el disenso ni las advertencias de miles de docentes que bregaron siempre por una escuela pública de calidad. Muchos docentes abrazaron con ciego fanatismo las recomendaciones venidas de los tecnócratas economicistas ahora devenidos en pedagogos y muchos funcionarios públicos las aceptaron por ignorancia o para beneficiarse económicamente con los créditos por proyectos que casi nunca llegaron al destino proyectado. Y aquí hay un punto muy importante porque se está queriendo organizar todas las actividades en proyectos de corto alcance. Se proyecta para cualquier cosa burocratizando la tarea docente insumiéndole gran cantidad de tiempo que no está con sus alumnos o capacitándose.

No se Proyectan Políticas de Estado en Educación

El hacer todo por proyectos de corto alcance, hace desaparecer la política estatal y toda posibilidad de implementar un proyecto nacional o regional, el Estado se va retirando y, cuando aparece, también lo hace a través de diversos proyectos; así va cambiando la forma de organización del sistema educativo que sólo recibirá inversión por proyectos y no en forma constante (a mediano y largo plazo). Ahora la “espada de Damocles” es que las instituciones y hasta las carreras deben “acreditar” producciones a través de diversos programas, de lo contrario, se cierran. Otro aspecto es que los proyectos son de corto alcance, pensados sólo para un grupo pequeño de personas y cuando termina no hay recreación ni ampliación de sus aspectos positivos reales (hay que aclarar que los informes sobre los proyectos serán siempre positivos porque deben justificar el gasto del dinero asignado ya que nadie pagará el costo político de haber financiado una mala experiencia). Esta forma hace que se pierda la idea de una educación para la población en su conjunto pensándosela sólo para afrontar problemas focalizados en tiempo y espacio estando así siempre a la defensiva de las problemáticas sociales renunciando a educar y formar para el mañana y para que los problemas desaparezcan.

Municipalización y Feudalización de la Educación

Esta modalidad es la preparación para la municipalización (que ya comenzó con las resoluciones 6.000 y 6.001 de la provincia de Buenos Aires del 23 de diciembre pasado) y luego, cuando las municipalidades sean incapaces de mantener las escuelas, “tirárselas por la cabeza” a las comunidades que deberán hacerse cargo de su mantenimiento y hasta de dirigir el proyecto educativo. Es decir, la feudalización del sistema educativo destruyendo cualquier posibilidad de acciones conjuntas y políticas de Estado. Así se profundizará el clientelismo político que ya mismo está actuando (muchas escuelas funcionan como unidades básicas de los partidos políticos dominantes). La escuela debe negociar permanentemente con los políticos de turno los recursos que necesita para poder existir. Además, provocará otras consecuencias institucionales casi imposibles de revertir si no se cambia de rumbo a la brevedad. Por ejemplo, en Estados Unidos el ex presidente Clinton no pudo terminar con las “escuelas charter” porque la justicia le dictaminó que era avanzar sobre derechos adquiridos por diversas personas (las que gestionaban su funcionamiento).

La Escuela Reedita los Problemas Sociales

En esta situación, lejos está la escuela de poder solucionar algún problema social porque los está reeditando y potenciando. Cuando se le da de comer a un chico y a otro no porque los recursos no alcanzan sucede que “estas acciones de gobierno constituyen subjetividades y sobrecargan a la escuela de una tarea que no sólo no le corresponde sino que la relaciona con mecanismos de mayor diferenciación social” (Patricia Redondo, Pagina 12/19 de enero de 2004). La escuela se encuentra atrapada, porque tiene chicos con hambre y no puede, por propia decisión, frenar esta “politiquería”.

Con la decadencia socio-cultural y económica de las últimas décadas se han profundizado las problemáticas comunitarias y la escuela no escapa a ellas. La escuela ya no significa en la sociedad lo que antes había sido: una institución encargada de la transmisión cultural y la formación de los ciudadanos. Fue suplantada por las tareas de contención de la crisis social que tampoco puede cumplir satisfactoriamente porque no está preparada para esas funciones.

Breves Conclusiones y Algunos Aportes

En esta transformación educativa siempre se ha remarcado, incluso en los cursos de capacitación docente, que hay que educar para la “adaptación” de la persona a la sociedad y a la comunidad a la que pertenece. Esta forma de pensamiento sólo puede formar una mentalidad servil y reproductora de las miserias actuales. Ni siquiera los conservadores de fines del siglo XIX han hecho semejante barbaridad. La educación argentina se ha caracterizado (salvo algunas excepciones) por educar para la “transformación” de la sociedad. Los objetivos de esa transformación han ido cambiando a lo largo de nuestra historia, pero desde la sanción de la Ley Federal de Educación este concepto comenzó a desaparecer definitivamente del ámbito educativo. Lo patético de esta experiencia es que, justamente, a este proceso se lo llama “transformación educativa”. No es una contradicción, es una cínica verdad.

El docente tiene alternativas para escaparle a tan triste realidad. Podríamos tomar el concepto de “subversivo pedagógico” de Giroux, volver a releer a Freire y dejarnos de tanto Vygotski, Ausubel y Santos Guerra. Tomar autores como Fullan, Don Bosco, Paín, Puiggrós (la de antes, no la de hoy) y todos los que se quiera. Pero, y ante cualquier circunstancia, el docente debe tener siempre una actitud crítica ante todo lo que debe hacer, incluso su propia práctica y realidad social. Debe, ante todo, él mismo estudiar la situación en la que se encuentra y dirigir sus fuerzas hacia las causas y dejar de actuar tanto sobre las consecuencias porque así jamás lograremos un cambio de verdad para que podamos tener una educación de calidad para todos.

Federico Martín Maglio - febrero de 2004