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 Editoriales: Enero 2006, Comienza un Nuevo Ciclo Lectivo  

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COMIENZA UN NUEVO CICLO LECTIVO

Desde finales del 2005 y en el comienzo del presente año estoy leyendo muchas generalizaciones por diversos medios periodísticos que son más una intención de querer “quedar bien” con el gobierno nacional y provincial que una deseada evaluación crítica de la situación educativa del país y de nuestra provincia.
Sobre este asunto, haremos algunas consideraciones.

  1. Desde hace ya un tiempo es incuestionable que la “transformación educativa” pergeñada por los políticos de la década de 1990 ha sido un fracaso total y absoluto. Lo han dicho las mismas autoridades que, inexplicablemente, miran para otro lado cuando se les dice que hay que juzgar a los que implementaron el desastre por falsedad ideológica y traición a la patria. Es decir, como siempre en este país, nadie pagará por el tremendo daño ocasionado.
  2. La esposa del presidente Néstor Kirchner, Cristina Fernández, desde el 2003 ha planteado que la educación necesita cambiar y desde ese momento se han presentado ideas para hacerlo. Algunas ya se están implementando. Quizá el gobierno de la Nación tenga buenas intenciones al respecto. La Ley de Educación Técnico Profesional y la nueva ley acerca del presupuesto educativo son algunos indicadores (ambas leyes, para mí, con grandes deficiencias y muy engañosas, pero podríamos analizarlas en otra oportunidad); además, se decidió que a fin de año se tomaran evaluaciones integradoras en algunas materias del polimodal (que provocó grandes resistencias por estar mal implementada esta normativa).
  3. En la provincia, Adriana Puiggrós reemplazó a Mario Oporto en la Dirección General de Cultura y Educación. Esta señora ha tenido etapas de gran madurez intelectual como su libro “Volver a Educar” (1994) en el que hace un espectacular análisis crítico del neoliberalismo en la educación. Lamentablemente, en sus declaraciones a fines del 2005, ha dejado entrever que no sigue tal línea de pensamiento al plantear que el polimodal debe formar para el trabajo (cuestión ampliamente criticada en columnas anteriores). Por otro lado, también anunció que las maestras deberán estudiar 4 años para tener su título habilitante (muy positivo) y que habrá profundos cambios en la Educación Secundaria Básica (la que era E.G.B.) y, quizá, también en el polimodal.
  4. A nivel local los problemas enumerados son más que evidentes. Como es muy evidente que hay algunas cuestiones todavía irresueltas y que deberían solucionarse en el transcurso del presente año. Por ejemplo, los problemas edilicios de muchos establecimientos educativos, la falta de recursos didácticos y el incongruente nombramiento de maestras en la dirección de las E.S.B., algo que es un dislate absoluto si nos atenemos a lo que debería ser.

Pero sucede que los docentes venimos muy golpeados por grandes promesas que luego naufragaron en los vericuetos políticos con decisiones tomadas encerrados en cuatro paredes. Por eso es que nos cuesta tanto creer que las cosas ahora sean diferentes, aunque podrían serlo.

No obstante ello, es necesario aclarar que los problemas en la educación de una nación no se resuelven con buenas intenciones o con grandilocuentes anuncios para la foto del diario. Hay problemas estructurales muy graves que, hasta el momento, nadie desde el gobierno (nacional ni provincial) parece haber tenido en cuenta.

Primeramente, hay que aclarar que un proyecto impuesto por un grupo de políticos no es representativo para nadie que sepa de educación. Si seguimos en esta senda los docentes (agentes primordiales de la educación) no nos sentiremos parte integrante de la patriada de cambiar el sistema educativo y dejar atrás tantos años de infamias. El proyecto debe surgir de los que saben y los docentes son los que deben participar activamente en forma vinculante en la formulación de una Política Educativa de Estado.
El problema es mucho más profundo que sólo pensar en una evaluación integradora y si esta es parte del pensamiento burgués o no para seleccionar darwinianamente a los futuros gestores del poder. Tampoco pasa por sancionar una ley de financiamiento que no financia nada más que planes sociales para seguir reeditando la pobreza y la marginación de la mayoría de la población. El tema pasa por darle un sentido nuevo a la importancia de la educación en el desarrollo social y personal. Y esto no se logrará si paralelamente a una buena política educativa no se desarrolla una decidida política cultural por todos los medios de comunicación. Y sobre este último punto, nada hay anunciado o proyectado.

Por ello, si la situación sigue como está planteada hasta el momento, seguiremos naufragando en un mar de lágrimas con algunas islas a las que llegarán, darwinianamente, sólo algunos, muy pocos. Quizá sea esta la panacea del neoliberalismo disfrazada de populismo. Quizá sea el inicio de un cambio serio para bien de todos.

No debemos quedarnos a la expectativa del “qué harán”. Comienza un nuevo ciclo lectivo y si los docentes no actuamos socialmente presionando para una verdadera revolución en la educación, lamentablemente nos encontraremos en poco tiempo con otro fracaso más que profundizará la decadencia actual. Sobre este punto, los sindicatos como SUTEBA y FEB deberían tener la voz cantante, pero sólo están en campañas de afiliación reclamando salarios en los diarios y firmando entregadas con el gobierno de turno. ¿CTERA? ¿Alguien se acuerda qué era y para qué fue creada? Como siempre. Así, de esta forma, no se puede.

Federico Martín Maglio - enero de 2006