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 29 de diciembre, Renunció el gabinete y el PJ debate ahora cómo enfrentar la crisis  

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DIARIO CLARÍN, 30 DE DICIEMBRE DE 2001

EL TEMA DEL DOMINGO / LA CRISIS DEL NUEVO GOBIERNO: DIA DE REUNIONES EN LA RESIDENCIA PRESIDENCIAL
Renunció el Gabinete y el PJ debate ahora cómo enfrentar la crisis

Los ministros renunciaron a raíz de la protesta del viernes. Apenas seis días después de haber asumido, Rodríguez Saá analizó ayer una salida política y nuevas medidas económicas. Y convocó para hoy a los gobernadores, en un intento de consensuar el nuevo equipo de Gobierno.

Walter Curia. DE LA REDACCION DE CLARIN.

Un comunicado de cinco puntos de la Presidencia de la Nación difundido a media tarde parecía ayer escasa respuesta a la espiral de incertidumbre en la que ingresó la crisis —política, económica, social, de representatividad— en la República Argentina.

No cambió las cosas el mensaje del presidente interino Adolfo Rodríguez Saá, a las 9 de la noche, igual de económico que el texto. Rodríguez Saá mostraba a esa hora el estado de desgaste extremo al que todo parece expuesto hoy en la Argentina. También un gobierno de siete días —dos de ellos feriados— que buscó ocupar todos los cargos a los empujones y hoy los tiene todos vacantes.

El cacerolazo del viernes que se había llevado a Carlos Grosso —no parecía el único objetivo— se llevó ayer al gobierno completo. Los ministros y secretarios pusieron desde temprano sus renuncias a disposición del Presidente, apenas acentuando la sensación anterior de vacío de poder.

En aquel texto escueto y en su mensaje de la noche en Olivos, Rodríguez Saá convocó a los gobernadores del justicialismo para un encuentro, hoy, en el complejo de Chapadmalal. La impresión de fuga es válida: la reunión estaba pensada en un principio en la residencia de Olivos, pero la Policía no garantizó la seguridad.

Economistas del PJ consultados por Clarín decían anoche que Rodríguez Saá podría ofrecer a los gobernadores armar un gobierno detrás de un plan destinado a consolidar el 1 a 1 y la convertibilidad con un fuerte ajuste fiscal, de tres mil millones de dólares, para ir a discutir luego las condiciones de default con el Fondo.

No había anoche, después del mensaje de Rodríguez Saá, ninguna señal que indicara una respuesta de conjunto de los gobernadores peronistas a la convocatoria del Presidente. Ni siquiera cuando otra vez está todo por hacer.

Los hombres que consagraron a Rodríguez Saá suman recriminaciones contra el Presidente. Lo responsabilizan por el nombramiento de funcionarios cuestionados, por su estilo huracanado y por desconocer el pacto político de hace apenas una semana que lo dejó en el poder.

Los gobernadores además acusaron el golpe que significa la extensión de la protesta y su expresión violenta. Al igual que el presidente Rodríguez Saá, que anoche apareció en los jardines de Olivos, bastante más pálido y sin la sonrisa que lo emparentaba a Juan Perón y a Silvio Berlusconi.

Carlos Ruckauf y José Manuel de la Sota parecían decididos a no correr riesgos. No quieren ser asociados a los desvíos "populistas", como rápidamente se los definió, de Rodríguez Saá y ponían condiciones de difícil cumplimiento.

Carlos Reutemann se conocía una declaración mínima, del jueves, favorable a un eventual encuentro con Rodríguez Saá y a que se respete el acuerdo político.

Ramón Puerta, coordinador de los gobernadores de las provincias "chicas", de las que proviene el Presidente, estaba dispuesto a concurrir, pero para reclamar elecciones cuanto antes.

El Gobierno trabajó en la elaboración de un plan para resolver la restricción de los depósitos bancarios, una cuestión que estuvo tan presente en la protesta del viernes. Estuvieron en el encuentro, según un secretario de Estado consultado, Jorge Remes Lenicov; Ricardo Gutiérrez; Jorge Matzquin y Oscar Lamberto.

Rodríguez Saá anunció que el secretario de Hacienda, en funciones, se reunirá hoy con los banqueros "para que contribuyan a la paz social", en palabras del presidente. Dijo también que había encontrado disposición en los banqueros para que las entidades abran mañana de 8 a 20, cumplan con los pagos a jubilados y con la disponibilidad de retiros de hasta 1.000 pesos mensuales.

El peronismo había resuelto la salida institucional en apenas 60 horas, contadas desde la renuncia de De la Rúa. Es una tarea que debería haber sido valorada, sino no hubiera sido hecha tan torpemente.

Por encima de la cuestión interna, la designación de Rodríguez Saá demostró que no es representativa del conjunto del justicialismo porque nadie —el Presidente primero— ha querido que lo fuera.

Luchando contra sus inclinaciones hegemónicas, los gobernadores del PJ deben hacer frente hoy en Chapadmalal al mismo desafío que hace una semana, cuando se encerró en un despacho del Senado: qué hacer con el Gobierno. Aunque esta vez será en condiciones bastante más adversas. El peronismo, si bien no fue el único destinatario, ya tiene su cacerolazo, su gobierno caído y acumula mucho rencor para tan pocos días.

Gobernadores, legisladores, dirigentes y funcionarios se han estado cruzando esta semana recriminaciones muy duras por su responsabilidad en lo que fue un defectuoso acuerdo político.

Los gobernadores "chicos" le reprochan a Puerta no haber seguido en funciones. Todos le atribuyen a De la Sota haber impuesto la ley de lemas. A Ruckauf se le desconfía si quiere elecciones o reclama para la presidencia hasta el 2.003. De Rodríguez Saá empiezan a decirse las cosas que hasta ahora se callaban.

Es poco probable que de ese estado surja un gobierno con autoridad, un marco político con algún grado de previsibilidad y un plan económico de largo plazo.

Ayer se hablaba en el peronismo de dos escenarios posibles, que desconocen a Rodríguez Saá: la ratificación del llamado a elecciones, incluso antes del 3 de marzo, o la convocatoria de una nueva Asamblea Legislativa que consagre a un nuevo presidente, con más tiempo por delante, como parece exigir el mundo a la Argentina.

Hubo muchos llamados a Olivos la noche del viernes. Los funcionarios empiezan a tener temor sobre su integridad. Duhalde dijo que la anarquía podría dar paso a una guerra civil, pero pareció exagerar. Hasta que un presidente amigo le abrió los ojos a un gobernador: "Las imágenes de TV ya hablan de una guerra civil".