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HISTORIACombate de San Lorenzo Por Daniel Orodaz Sería apropiado mencionar que el hecho de que San Martín tomara parte o no en el combate, no restan mérito para nada a su gran hazaña. Sin embargo, lo que por ningún motivo debemos consentir es la destrucción de la verdad. Volviendo al tema que nos concierne, sería conveniente citar, antes que nada la fecha de la primera edición de la obra de Mitre, Historia de San Martín y la emancipación Sudamericana, la cual vio la luz en el año 1877. Con respecto a la existencia del granadero Juan Bautista Cabral, la cual Ud. estima como ficticia y nacida del imaginario de Mitre, he encontrado en mis libros lo siguiente: El mencionado autor dirá en su libro “nosotros nos guiamos, además de datos que indirectamente resultan de los documentos, por los informes verbales del General don José Matías Zapiola (aun cuando no se halló presente) y por lo que nos comunicó en Chile el Dr. Julián Navarro, cura párroco del Rosario en aquella época y que en calidad de Capellán voluntario acompañó a San Martín en aquel día, sin desampararlo en el combate, por lo cual fue recomendado en el parte oficial”. No olvidemos que el Dr. Julián Navarro atendió a los soldados convalecientes y su gesto fue siempre recordado por el Libertador. Pastor S. Obligado, en referencia al granadero Cabral escribirá en el diario “La Tribuna” Nº 2.489 del 9/4/1862: “lánzose del caballo, atando el suyo a las riendas del de San Martín y forcejeando logró sacarlo con dificultad, arrastrándolo entre los muertos y heridos hasta alejarlo un poco del peligro”. Luego, en el referido “La Tribuna” Nº 2.506 con fecha 1/5/1862, por testimonio del General Escalada, Pastor Obligado escribirá: “sacado de debajo del caballo por Cabral, atolondrado por el golpe, a pie en medio de los caballos, le grita a Escalada, ayudante en comisión aquel día: ¡Reúnan el Regimiento y vayan a morir!”. Continuando, el historiador Ángel Justiniano Carranza, en su obra “Campañas Marítimas durante la guerra de la independencia”. Tomo IV año1864. Pág. 566 y 567, transcribe una nómina de los Granaderos caídos en el combate del 3 de febrero de 1813.
En su obra Ángel Justiniano Carranza escribió: “El comandante de su Regimiento, asombrado de tanto heroísmo, le erigió un modesto cenotafio, pero sublime en su misma sencillez, en el antiguo Campo Santo del convento, cuya inscripción es lástima haya barrado la acción del tiempo”. El Dr. Carranza conoció de seguro el cenotafio cuando visito San Lorenzo en 1862, pues para esa fecha aun existía el antiguo camposanto al que hace referencia y que sería inhabilitado y abandonado pocos años después. El Dr. Carranza no pudo leer el cenotafio como luego da testimonio en su libro. Por último, y tal vez sea la evidencia más irrefutable, es el oficio que el coronel San Martín envió a fines de febrero al Gobierno de Buenos Aires al recomendar una ayuda para la familia de Juan Bautista: “herido mortalmente en el campo de batalla, no se le oyeron otros ayes que: Viva la Patria, muero contento, hemos batido al enemigo”. La proposición de San Martín no fue desoída y el 6 de marzo de 1813 el gobierno refrendó el siguiente decreto: Fíjese en el cuartel de granaderos un monumento que perpetúe recomendablemente la existencia del granadero Juan Bautista Cabral en la memoria de sus camaradas y publíquese el presente oficio con este decreto y la adjunta nota en la Gaceta Ministerial para noticia y satisfacción de los interesados, tomándose razón en el tribunal de cuentas. Ahora pasemos a la exposición física del coronel durante el combate esa mañana del 3 de febrero de 1813, lo cual Ud. de igual manera considera falso. En consulta al señor Juan Ángel García, Teniente Coronel en el III Cuerpo de Ejército, Ejército del Norte, me refirió que si bien es acertado que en la actualidad los manuales y tácticas militares los oficiales no asistan al frente del combate, desconoce con exactitud que por aquellos años existieran dichos reglamento y que si de hecho lo hubieran sido, no era condición determinante para que un oficial a cargo no tomara parte directamente en los enfrentamientos;” y agregará, “más aun tratándose de un espíritu inquieto como el del General San Martín, que como sabemos no descuidaba ningún detalle, preocupándose desde el calzado de la tropa hasta mandar a probar la comida antes de que ésta fuera servida a sus granaderos. De manera análoga opina el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, señor General de Brigada (R) Diego Alejandro Soria, quien gentilmente tuvo la deferencia de tomarse la molestia para satisfacer mi consulta. Dice el señor Soria: “En la época de San Martín el comandante de un ejército (miles de hombres desplegados en amplio espacio) debía instalar su puesto de comando a retaguardia, en un lugar desde el que pudiera dominar visualmente el campo de batalla, para desde allí impartir sus ordenes a través de los oficiales ayudantes. Ello no impedía que en un momento de crisis fuera a primera línea para encabezar la acción, como San Martín en Chacabuco o Bonaparte en el Puente de Arcola. Pero el jefe de una unidad táctica, en el caso de San Lorenzo un pequeño escuadrón de 120 hombres, debía ponerse a su frente en el combate. San Martín fue un ejemplo de liderazgo militar, como lo demostró su actuación. El líder se forja con el ejemplo, no con el temor.” Consultando viejos documentos, nuevamente Pastor S. Obligado nos relatará, “cuando Bermúdez se presentó a recibir órdenes, como el Coronel le había indicado, herido y cubierto de sangre, San Martín forcejeaba y revolcaba en el suelo, luchando por salir debajo de su caballo, que al caer muerto le había apretado la pierna derecha.” (“La Tribuna Nº 2.489 del 9/4/1862). En el mismo diario agregará, según testimonio proporcionado por el General Ángel Pacheco, portaestandarte en aquella jordana, “que la herida del Libertador fue en el rostro, que avanzando San Martín con el 2° escuadrón sobre el cañón que hacía fuego, ya cuando estaba muy inmediato, disparó (el artillero) un tiro a metralla y matando entre ellos al caballo de San Martín, lo apretó en la caída. El comandante Zabala se acercó y reconociendo un jefe en el suelo, le hirió en la cara.” ( La Tribuna” Nº 2.506 del 1/5/1862. El coronel Olazal, personaje a quien San Martín amó mucho, por ser uno de los primeros iniciado por éste en el cuartel del Retiro, nos relata en sus memorias: “El comandante Zabala se acercó a él (el coronel San Martín) y notando que era un jefe le tiró varios sablazos, los que apenas pudo parar, no obstante la posición en que estaba tendido en el suelo, pero uno de ellos le hirió en el rostro.” Continuando con las memorias de Olazábal, nos narrará un bellísimo episodio por ser éste sumamente emotivo, ocurrido durante una conversación cuando el Libertador regresaba desde el Perú encaminado a su voluntario ostracismo, y enterado su antiguo cadete que venía descendiendo de la cordillera, salió a su encuentro esperándolo en los eternos cerros: -“¿Recuerda usted, hijo, este día en 1813?”. - En este momento no, señor. -“¡Que diablos! ¿Cómo es que usted ha olvidado que este día y a estas horas los matuchos me tuvieron tan apurado en San Lorenzo?”. Al General Guillermo Miller, en respuesta a un requerimiento que éste le hiciera para escribir sus memorias, San Martín le escribe, refiriéndose a sí mismo en 3° persona, como era su costumbre: “….En esta disposición, encargó el mando de la mitad de la fuerza al capitán Bermúdez, bravo oficial, pero novicio en la carrera, para que con ella atacase el flanco izquierdo del enemigo, ínterin el Coronel con el resto lo verificaba de frente”. Presentadas estas fuentes, ¿podremos afirmar que fue Bartolomé Mitre quien inventó la acción de San Lorenzo tal con hoy la conocemos? Lo cierto es que Don Bartolo recién comenzó a escribir el prólogo de su Historia de San Martín y la emancipación Sudamericana en 1874, estando en prisión por haber encabezado un levantamiento contra las autoridades nacionales, y el libro vio la luz en el año 1887-1888. Con lo cual, manteniendo la hipótesis de que no participó en el combate y que el granadero Cabral no existió, nos da como conclusión que todos los contemporáneos del Libertador que lo acompañaron en su gesta mienten, incluso el propio San Martín. Por último espero sepa disculpar si considera demasiado extenso el texto, pero me tomé el atrevimiento de creer que el tema que tratamos lo amerita. Quedo a su disposición. Atentamente. Daniel Orodaz |
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