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 ¿Qué Rumbo nos Marca la Historia?  

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¿QUÉ RUMBO NOS MARCA LA HISTORIA?

Por Ricardo Darío Primo

r.primo@intercom.com.ar

 

         Hace unos días, en una cena con otros historiadores y amigos de ésta ciencia social, salió la conversación sobre el estado actual de nuestro país y su relación con el pasado. Hubo una persona que sostenía, que Argentina se encontraba en una situación similar a los países que atravesaron por la gran crisis del 30´con sus secuelas conocidas de recesión y miseria.

         Casualmente me encontraba al lado de dicha persona y no pude escapar de su curiosidad por conocer mi opinión sobre la situación actual y su probable evolución a la luz de historia.

         Sinceramente y sabiendo que los historiadores no hacemos futurología y que a lo largo de la evolución o involución de la humanidad, no se repite la historia sino más bien algunas constantes; procedí a explicar mi punto de vista.

         La crisis del 30 que estalló en Wall Street puso al descubierto la debilidad de un sistema socioeconómico que confiaba ciegamente en la libertad de mercado y depositaba en sus manos todo el bienestar.

         La misma dio paso al inicio de la intervención estatal en la economía, política sustentada por el británico John Maynard Keynes. El Estado pasó a regular precios y salarios, inyectar en el circuito económico algo de dinero, a través de grandes obras publicas y planes de empleo para de esa manera comenzar a motorizar el sistema.

         La actualidad nos dice que el Estado Nacional se encuentra imposibilitado de aplicar estas políticas de empleo público (Plan Trabajar, etc); es más, se está hablando de la reducción de los mismos.

         Por eso, su relación con la crisis del 30 y la respuesta a la misma por parte de los Estados Nacionales, no me parece la mejor comparación.

         Sinceramente, lo que más me preocupa es la situación social que deriva de este plano económico.

         ¿Qué nos quiere decir entonces? – interrumpieron mis interlocutores de aquella noche.

         En mi humilde opinión –decidí contestar- nuestro país se encuentra como la República de Weimar, en la Alemania de la primera posguerra.

         Sorprendidos, mis amigos, hicieron silencio para que procediera a profundizar esta reflexión.

         Alemania luego de la 1ra Guerra Mundial, atravesaba una profunda crisis económica y social. La Gran Guerra había socavado su economía y como consecuencia del Tratado de Versalles, debía hacer frente a los gastos propios y de reparaciones de guerra hacia sus vencedores. Enormes contingentes de combatientes regresaban  a sus casas para convertirse en desocupados peregrinantes.

         Una profunda humillación embargaba a su pueblo. Los políticos del partido social demócrata de entonces no daban respuestas a estos reclamos que se agravaban a raíz de los vaivenes económicos.

         En mi entender, Argentina tiene ese síntoma. Atraviesa una profunda crisis económica y social. Una mal encarada globalización ha socavado nuestra economía. Hemos firmado un eventual “Tratado de  Versalles” ante el FMI que cercena nuestro progreso y condena nuestro futuro con el sistema de pagos escalonados de nuestra deuda externa.

         Hay una enorme cantidad de “combatientes-trabajadores” peregrinando en busca de un empleo. Nuestra clase política no solo no brinda una respuesta a los reclamos populares, sino que se burla de ella con sus salarios del primer mundo revestidos de legalidad estatal, como si ella cubriría su innata inmoralidad.

         Hay una desilusión de la gente frente a un sistema que no le brinda respuestas y una ausencia del poder estatal, palpable como en aquellos tiempos de Weimar.

         Esto se transforma en descreimiento hacia las instituciones de la democracia. La óptica de grandes sectores populares es que la Justicia es más bien para un sistema que funciona con al finalidad que unos pocos puedan guarecerse de una gran masa de pobres. No perciben la igualdad ante la ley y la ley que debe responder a la necesidad de la sociedad, pasa a convertirse en un instrumento de su propia opresión.

         La clase política deja de ser la genuina representante de su voz, para ser una gran familia autista,  bien remunerada. Su inútil representatividad atenta contra su propia existencia.

         En la Alemania de Weimar, esta situación de descreimiento, desocupación y miseria, hizo que grandes sectores populares y algunos económicos que querían la protección estatal, propiciaran el surgimiento de algo nuevo. Ese modelo nuevo debía dejar atrás el parlamentarismo inútil, reemplazar al movimiento sindical cómplice y hallar bajo la conducción de un líder, la salida de la crisis, aún responsabilizando por ella, a algunos estamentos sociales, en este caso al judaísmo.

         Estamos en mi opinión, transitando una difícil senda, en la que estos sentimientos están desarrollándose en gran cantidad de argentinos. Se esta hablando de los “costos de la política” y de los políticos, sin replantearse una funcionalidad y servicialidad que sea más económica y efectiva que la actual. Los argentinos siempre nos caracterizamos por ir de un extremo a otro. Del amor paternalista al odio personalista. Del aplauso furibundo al odio incendiario.

         ¿Qué ocurría si algún político se le ocurre decirle a los millones de desocupados que propiciaría una ley que les otorgue los puestos de trabajos que en la actualidad estarían ocupados por inmigrantes no nacionalizados?

         ¿Recibiría el apoyo y voto de este sector que ya ha perdido la fe en sus clásicos representantes? La xenofobia esta a flor de piel en muchos sectores. La juventud es uno de ellos por ser la que más sufre la inseguridad de un futuro apropiado. Los mensajes contra colectividades o inmigrantes brotan en cualquier página de internet amparándose en el anonimato, pero que por ello, no dejan de ser las expresiones de personas que conviven junto a nosotros. Hace poco, cinco cuadras de la ciudad de  Rosario aparecieron pintadas con cruces sváticas.

         Europa esta reaccionando frente a los movimientos inmigratorios, reformando sus respectivas leyes y amparando a sus desocupados. Las fronteras se cierran frente a la crisis desocupacional.

         Los bolsones de pobreza están brotando en la Argentina y se están haciendo sentir, pidiendo ayuda oficial. Descreen de los políticos y se asimilan a los clásicos piquetes de desocupados en la Europa de la pos primera guerra.

         Quisiera ser más optimista –les dije a mis colegas- pero hay un termómetro en la sociedad que nadie mira ni escucha. Es el sentir popular de mas justicia, solidaridad y genuina representatividad.

         Esperemos que esta crítica situación no desemboque en el surgimiento de un movimiento que basándose en genuinos reclamos, nos conduzca a la desaparición de las libertades públicas y a convertir a la democracia, -bastardeada por los que hacen negocios con ella-  en una dictadura “legal” como contraposición del abuso anterior.

         El silencio fue la respuesta a mis palabras y cambiamos de tema no sin pensar, en cual de aquél panteón de políticos argentinos podría maliciosamente convertirse en un próximo Füher .

 

Julio de 2001