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 Barbarie Civilizadora, por Daniel Orodaz  

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HISTORIA

BARBARIE CIVILIZADORA

El 17 de setiembre de 1861 en las inmediaciones del Arroyo de Pavón, se encontraron nuevamente el interior y Buenos Aires. La suerte de las armas favoreció al principio a Urquiza. Pero cuando la batalla parecía ganada, el caudillo entrerriano abandonó inexplicablemente el campo de batalla, dejando la victoria en manos de su hermano (000) Bartolomé Mitre.

Inmediatamente los ex proscriptos arribados después de la caída del "tirano", sintieron el llamado de ser ellos los encargados de la trasformación del país.

El nuevo gobierno encabezado por Mitre se lanzó a la conquista militar del Interior, donde el clamor de las empobrecidas provincias sólo era oído por personajes como el Chacho Peñaloza, Felipe Varela o Ricardo López Jordán.

La prédica civilizadora de Sarmiento comenzaba a tomar forma, desencadenando un desprecio por la tradición criolla.

Para los hombres de la primera generación posterior a Caseros, éste fue un sentimiento espontáneo, más tarde, para los de la generación del 80, se convertiría en un sentimiento heredado. Lo criollo era lo primitivo, lo elemental. Y careciendo de toda estimación por las formas criollas de vida, se propusieron suprimirlas y sustituirlas por las que, a sus ojos, representaban la civilización.

El civilizador, a quien todo lo que sonaba a gauderío, le irritaba la bilis, le escribía a Mitre: "No trate de economizar sangre de gaucho. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos". Para Sarmiento la civilización debía advenir tras un vasto holocausto de gauchos. Ellos que habían contribuido con su coraje al nacimiento de la Patria, oficiando de centinelas al lado de Guemes en el norte, o de lazarillos, guiando a las tropas de San Martín entre los macizos de los Andes, ya no encajaban en los planes de la gente del Puerto.

Para tan maquiavélico plan de depuración social, sirvió la horrorosa guerra contra el mariscal López y todo el pueblo paraguayo. El destino quiso, paradójicamente, que Sarmiento padeciera la muerte su hijo, Dominguito, en dicha guerra, y que su sangre se mezclara con la de los gauchos, que él tanto aborrecía, en los campos de Curupaytí.

En el año 1868 se convierte en el sucesor de Mitre en la presidencia. Para él, el problema social era la gente misma. Los argentinos, salvo contadas excepciones, eran personas despreciables. Con gente así, nada podría funcionar. La inmigración europea era una necesidad imperiosa.
"Sin embargo el aluvión inmigratorio seguía creciendo y desbordaba los cauces de la vieja sociedad criolla, en la que introducía nuevos elementos y provocaba nuevas combinaciones sociales de imprevisible consecuencias, al punto de que el mismo Sarmiento llegase a exclamar: Que chasco nos llevamos con la inmigración".

Lo que resultó impensable para él, fue lo expuesto por Ricardo Rojas en su obra La Restauración Nacional: "La anarquía que nos aflige ha de ser pasajera. Débese a la inmigración asaz numerosa y a los vicios de la inmigración. Pero el inmigrante europeo es hoy como el de la época colonial; vuelve a su tierra o muere en la en la nuestra. Lo que perdura de él es su hijo y la descendencia de sus hijos, y éstos, criollos hoy como en tiempos de la independencia, tienen ese matiz común que impóneles el ambiente americano".

Los sociólogos del 900 comenzaron a observar la aparición de formas híbridas en que las tradiciones vernáculas se trasmutaban en el nuevo ambiente creado por la inmigración; así el coraje del gaucho se prolongaba en las actitudes viriles y jactanciosas del hombre del suburbio, del compadrito.

Mientras tanto la puja entre el Facundo y el Martín Fierro continúan en el tiempo. ¿Quién influirá más en nosotros? ¿La excelente prosa sarmientina o los cantos del juglar?

Hoy, camino al bicentenario, sería necesario recordar el emotivo discurso pronunciado por el presidente Nicolás Avellaneda el 5 de abril de 1877, en ocasión de los preparativos para la repatriación de los restos del General San Martín desde Francia, el cual en parte decía:

"Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas son los que mejor preparan el porvenir ".

Un saludo a todos.

Daniel Orodaz

Datos extraídos de:

  • Las ideas en la Argentina del siglo XX. Romero, José Luis. Biblioteca Actual. 1987.
  • Argentina 1806 - 1930. Crespo, Emilio. Fundación del Colegio Nacional de Monserrat. Córdoba 1996.
  • Historia de Caudillos Argentinos. Halperin Donghi, Tulio. Extra Alfaguara. Bs.As.1999.
  • Genio y Figura de José Hernandez. Roque Raúl Aragón - Jorge Calvetti. Ed. Universitaria de Buenos Aires. 1973.
  • Facundo. Sarmiento, Domingo Faustino. Ed. Planeta. 2000.
  • San Martín. Revista del Instituto Nacional Sanmartiniano nº 10. Bs. As. Agosto de 1946.