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 2010: Mis Vacaciones: Una opción para mirar realidades de la República Argentina  

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MIS VACACIONES

UNA OPCIÓN PARA MIRAR REALIDADES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

 

Del 6 al 16 de enero estuve en el Municipio de la Costa o General Lavalle, parando en la localidad de San Bernardo. Luego de muchos años, con mi familia nos fuimos 10 días de vacaciones.

Como no puedo con mi genio, a todo lo observé con ojos de docente y no de “vacacionista”; todo sirve para aprender, la curiosidad siempre puede más…

Creo que compartir algunas de estas observaciones puede ser de interés para… 

  • Los que tengan que viajar a la costa desde el norte de nuestro país (ya van a ver por qué).
  • Tomar dimensión concreta de la infraestructura vial en la provincia de Buenos Aires (o, al menos, de la parte más importante en época de verano).
  • Los docentes de adolescentes porque nuestros alumnos, muchas veces, generan malas noticias.

 

Viaje de ida 

El viaje que debía hacer es desde San Nicolás, extremo norte de la provincia de Buenos Aires, hasta la localidad de San Bernardo, en el Municipio de la Costa. Tratando de evitar tener que pasar por Capital Federal y, de ser posible, la Ruta 2 con todo el “loquerío” que se arma en época de vacaciones, busqué caminos alternativos.

He aquí algo muy interesante a tener en cuenta cuando se trata de viajar a la costa: Nuestro país carece de infraestructura adecuada en caminos para poder hacerlo desde el norte. Hay sólo dos posibilidades: 

  1. Ruta Panamericana hasta la Capital Federal y desde allí la Ruta 2 hasta General Conesa en que se toma la Ruta 11 hasta el Municipio de la Costa.
  2. Ruta Panamericana hasta Baradero, desviarse por la Ruta 41 hasta Dolores, seguir por la Ruta 63 hasta la Ruta 2 (sólo unos pocos kilómetros) y luego por la Ruta 11 llegar al Municipio de la Costa.

 

Elegí la opción 2.

Salimos a las 04:25 de la madrugada y llegamos a nuestro destino a las 10:27. Seis horas de viaje con un total de 610 kilómetros. Hicimos paradas (20 y 30 minutos).

Pero el asunto es ver en qué condiciones…

La Ruta 41 estaba casi desolada. Pero desolada en serio y con esto quiero decir varias cosas: 

  • Casi nadie; muy pocos autos y camiones. Desde Baradero hasta Dolores, si cruzamos o pasamos o nos pasaron 40 vehículos es mucho (lástima que no los conté, pero les aseguro que fueron menos o bastante menos).
  • Prácticamente sin señalización. Ni de kilómetros para llegar a una localidad, ni en las rotondas para cambiar de caminos, ni en las curvas, etc.
  • ¿Estaciones de servicio? ¡Já! Sugiero que llene el tanque de nafta, revise el agua, aceite, gomas y una buena dotación de algo para tomar porque por casi 400 kilómetros se encontrará con una ruta típica de esas películas de terror donde te persigue un psicópata con hacha en una camioneta destartalada ¡nada ni nadie! Ah, sí… Hay algo… Con el celular, para solicitar ayuda ante alguna eventualidad, debe marcar *767 ¿habrá alguien atendiendo?
  • Desde Baradero hasta Mercedes (un tercio del viaje) la ruta está destruida; no hay banquinas, no hay señalización de fin de calzada ni de división de mano y, encima, algo peligrosísimo y que fueron algunas “reparaciones” que consistían en ¡levantar el pavimento en tramos de 2 a 5 metros sobre el borde de la ruta como los peraltes que le poníamos a la pista del “Scalectric”! Si alguien lo tocaba, ya se estarán imaginando las piruetas que haría (se pasa a la otra mano, queda en 2 ruedas o se despista y va a parar a vaya Dios a saber dónde).
  • Desde Mercedes hasta Dolores el asunto mejoró un poco en cuanto a pintadas (borde del camino y el centro de la doble mano) y asfalto. ¿Señalizaciones? Poco, muy poco y muy mal puestas. Por ejemplo, señalaban las entradas a diversas localidades luego de la división de la calzada en la rotonda (es decir, si seguías para un lado, veías el cartelito que era para el otro).

 

Un dato importante: Peajes pagados…

¡Uno sólo! 10 $ correspondientes al concesionario Camino del Atlántico (General Conesa) llegando a la Ruta 11. 

Realmente no puedo explicarme a quiénes se les ocurrirá hacer: Arreglos contrarios a toda razón que ya ni es lógica; nula señalización y, cuando existe, es pésima.

La Ruta 41, mirando el mapa, debería ser… 

  • Importantísima por el recorrido que tiene evitando el tráfico innecesario hacia la Capital Federal.
  • Se podría derivar por la misma a muchísimo tráfico de todo tipo para aliviar la Ruta 2.

 

Observando los campos 

Durante el viaje de ida (San Nicolás por Panamericana hasta Baradero y desde allí por la Ruta 41, etc.) me llamó poderosamente la atención lo siguiente… 

  • Por la Panamericana, poco más de la mitad de los campos estaban cultivados. Muy poquitas vacas.
  • Por la Ruta 41 recién al llegar a Pila (entre General Belgrano y Castelli) vi las primeras vacas (es decir, casi todo el recorrido de la Ruta 41 está sin animales) y las tierras cultivadas eran bastante menos de la mitad (calculo que entre el 35 o 40 %).
  • Esta situación me llama poderosamente la atención ya que venimos bastante vapuleados con el tema del campo y los ataques gubernamentales que muchas veces sublevaron mis ánimos; si en el país se ataca al productor, éste no podrá producir. Lo que observé en este viaje es lo que estoy describiendo. Lógicamente, sólo hablo por lo que miré estando en la ruta, pero es que años anteriores ¡esas tierras eran todas productivas y vacas había por todos lados! ¿Qué está pasando actualmente con el campo? Mh… Veo mal este asunto.

 

Paseando y mirando (mientras mi esposa e hijos gastaban algo de plata) 

  • Hasta el día 11 de enero, poca gente. Las carpas que observé en las playas a las que fui no estaban ocupadas a excepción de 4 o 5 por cada herradura (forma de armarlas por los concesionarios). Poca gente en las playas (estaban muy tranquilas), se caminaba holgadamente por el centro comercial… La gran cantidad de vacacionistas apareció el día 12.

(Aquí les muestro el contraste entre un día y otro)

  • La gastronomía en la Costa prácticamente es impagable… carísima la comida y las bebidas. También los helados y demás productos que se venden en los negocios y en las playas (choclos, pochoclo, superpanchos, etc.).
  • Los alquileres son monstruosos para ser pagados por una familia de gente trabajadora. Los esfuerzos que se hacen para salir unos días y distenderse del trabajo anual son muy grandes e injustos.
  • También observé que los productos regionales están muy caros. ¿No es mejor tener precios más bajos y vender mayor cantidad de bienes? Me parece que en la República Argentina el comerciante todavía no aprendió esta lección básica del sistema económico capitalista en el que hay que mover la mayor cantidad de capital posible. Creo que muchos piensan en “hacerse ricos” en poco tiempo ¿lo logran? Por lo que vi en el centro de San Bernardo, no lo creo. Muchos paseando, pero dentro de los negocios, poco y nada. No veía a la gente con bolsas de compras realizadas (eran muy pocas). Los lugares para comer (pancherías al paso, bares, restaurantes) tenían varios clientes en las horas pico de la noche; al medio día nunca observé alguno de estos negocios ni con 20 clientes dentro al mismo tiempo.
  • Los adolescentes (supongo que estaban de vacaciones en grupos sin sus familiares) en horas de la noche copaban los lugares para comer que eran baratos y siempre con el sistema “libre” que, por lo general, consistía en pizza y un lugar tenía también pastas en esa modalidad. Las pancherías al paso tenían varios clientes y, por lo que pude averiguar, un superpancho con papas arriba del mismo era la única comida del día.

 

¡Cuidado con los promotores! ¡Están estafando! 

Sí, mucho cuidado porque hay muchos engaños. Yo fui testigo presencial de 2 “campañas” de engaño a la gente. 

  • “Club In” es una empresa que se encarga de venderte estadías en diversos hoteles en cuotas. Pero tiene una trampa: Te hacen socio con cuota mensual de una red única en la que sólo podés ir a determinados hoteles en épocas en las que a ellos se les ocurra ya que si un socio solicita, por ejemplo, Carlos Paz del 5 al 20 de enero, te pueden decir que no hay cupo y te quedaste con las ganas. ¿Cómo engañan? Te paran por la calle para hacerte algunas preguntas como si fuera una encuesta sobre turismo. Entonces, te inventan el que le digas un número de 3 cifras y engañan diciendo que con el número elegido te ganaste unas vacaciones de 7 días en el lugar que quieras dentro del próximo año. Acto seguido te hacen ir hasta donde están sus oficinas (generalmente en uno de esos hoteles) y comienzan a darte una charla engañosa en donde el premio no era premio ya que tenés que pagar igual y, encima, te quieren hacer socio y de aceptarlo, te saquean con cuotas mensuales presentando la tarjeta de crédito para pagar vacaciones que te tomarás cuando ellos quieran y a donde a ellos se les ocurra.
  • “Personal” es una empresa de telefonía celular. Te dicen que si tus dos primeros número de tu tarjeta de crédito coinciden con una lista de números de dos cifras que tienen en unos carteles, te ganás un lindo premio. Resulta que tal premio no existe, te venden en 12 cuotas de 17 $ cada una el teléfono Samsung GT-E1085L (lo terminás pagando 17 x 12 = 204 $) que en los locales se consigue a 180 $. ¿Dónde está el premio? Ah, te dan 100 pesos en crédito y para usarlo, tenés que hacer carga virtual o tarjetas. ¡Qué engaño!

 

Los adolescentes

En todos los días que estuve, observé tanto en San Bernardo, como en otras localidades (Mar de Ajó, Pinamar, Villa Gesell, etc.) que… 

  • Por la mañana había gran cantidad de adolescentes que, supongo, volvían de los boliches. Patético y triste fue verlos borrachos, “idos”, tirados en las veredas, sobre el pasto o la arena gesticulando lastimosamente o durmiendo “la mona”. Justamente, este tema nos tocó muy de cerca. Resulta que justo al lado de donde nosotros alquilamos se produjo el desgraciado caso de un muchacho de 18 años oriundo de la ciudad de Junín (estaba veraneando con otros amigos) que falleció luego de convalecer casi una semana porque se cayó del balcón de un primer piso y quedó muy mal al golpearse la cabeza. Esta fue una noticia difundida nacionalmente. Esta noticia fue titulada “Murió el joven que cayó desde un balcón en San Bernardo”.
  • Demás está decir que la prohibición de vender bebidas alcohólicas a los menores no se cumple.
  • Hasta las 16 o 17 horas, en las playas, había muy pocos adolescentes. A partir de esa hora comenzaban a aparecer en grupos. Es que duermen hasta tarde y luego van a la playa (los que se despiertan y están en condiciones de hacerlo).
  • Comen mal (una comida diaria ya que es la de la noche la que aprovechan; al almuerzo “se lo pasan de largo”). Los que estaban en hoteles con desayuno, lo tomaban cuando volvían de los boliches.
  • En horario nocturno, las calles eran desbordadas por los adolescentes.
  • Siempre se movilizaban en grupos de 2 en adelante.
  • Muy pocos, contados con la mitad de los dedos de una mano, observé que estaban con sus familias.
  • Por lo general, dentro de los grupos, aprecié camaradería, compañerismo, cantos grupales y, hasta que el alcohol u otras “cositas” no hicieran efecto, buen comportamiento y sin agresiones, ni entre ellos ni hacia los demás.

Concluyo en este punto que el “descontrol” que observamos se da, principalmente, por la ausencia de mayores. En los viajes a Bariloche –por dar un ejemplo- los chicos están controlados por gente de la empresa que contrataron, por gente del hotel, alguna madre o padre que viaja con ellos, etc. Pero en épocas de veraneo ¿quién supervisa, observa, controla, etc.? Nadie. Por eso, considero que la iniciativa de la localidad de Pinamar de exigir que en cada grupo de adolescentes haya al menos un mayor que se haga responsable (para alquilar un departamento) como algo muy positivo.

 

Los seres vivos en la playa (perros y humanos) 

Escuchaba en diversos programas locales de radio que había discusión sobre el tema de los perros en las playas. Cuando fui a las mismas, observé gran cantidad de perros que fueron llevados por sus familiares (y no dueños); con ellos paseaban, jugaban y estos nobles animales gozaban tanto que hasta se les notaba la alegría en sus caras. Nunca pude ver en la playa un solo perro haciendo “sus necesidades”; seguramente habrá habido algunos que lo hicieron ¡por supuesto!, pero sus familiares, supongo, habrán tapado con arena las heces que, con la subida nocturna de la marea, serán limpiadas en forma natural.

Lo que sí observé en todas las playas es una cantidad de mugre impresionante; la misma no era producida por los perros sino por los humanos. Botellas, latas, puchos, papeles, más puchos, choclos, chala de choclos, bolsas de plástico, más puchos, pañales desechables enterrados en la arena, puchos, etc. Un asco. 

Entonces… Me pongo a pensar… ¿Y si se prohibiera la entrada de humanos a las playas no sería mejor y más ecológico que andar discutiendo si los perros pueden hacerlo o no? Porque de educación al consumidor, ni hablar ¿no?

  

Infraestructura turística 

  • Respecto de rutas, ya vemos que existe un déficit tremendo e injustificable estando en pleno siglo XXI. Punto y aparte.
  • He visto que el Banco Provincia puso cajeros ambulantes en algunos puntos turísticos estratégicos. Banelco tiene pocos cajeros para la demanda existente.
  • Policías por todos lados (creo que hasta me choqué uno cuando me fui a acostar). Entonces, comprendí el por qué en las radios se discutía, respecto de este tema, si era lícito tener tantos policías de toda la provincia en la costa dejando al resto con muy pocos agentes (como el tema del conurbano; cuando volví por la Autopista 25 de mayo y por la Ruta 24, no vi un solo policía en todos sus recorridos y, en varios lugares, les aseguro que daba miedo pasar).
  • Las entradas desde la Ruta 11 a las distintas localidades del Municipio de la Costa (o General Lavalle) y Madariaga (Pinamar y Villa Gesell) que son los lugares que recorrí, están bien cuidadas, custodiadas, con información al turista, etc.
  • Muchos espectáculos públicos en las playas. Música, gimnasia, diversos entretenimientos, charlas, etc., tanto gratuitas como pagas.
  • En algunas playas, la tranquilidad está presente. Pero en muchas los concesionarios tienen la modalidad de romper los oídos y la tranquilidad de la gente con parlantes de baja calidad que, con su pésimo sonido, difunden todo tipo de música; un caso atípico (por el género) se dio en una de playa en que “me mataron” con rock pesado desde las 10 de la mañana hasta las 16 en que nos fuimos.
  • Los guardavidas: Lo que observé es que hay muchos puestos distribuidos a lo largo de las diversas playas y suficientes para cubrir el total de la observación necesaria de los bañistas. Pero no siempre los vi en sus puestos; lógicamente, al medio día irán un rato a comer; no obstante, algunos tenían almuerzos que duraban hasta las 16 horas y desde las 12 nadie había (en varios puestos contiguos). ¿Por qué será?
  • La venta gastronómica en la playa de superpanchos, choclos, bebidas, pochoclos, ensaladas de fruta y verdura, helados, licuados, etc. están monopolizados por empresas específicas (una por cada rubro); también había vendedores ambulantes de ropa veraniega, revistas, películas, CD de música, peines y cepillos, etc. Todo el tiempo tenés en la cabeza algún vendedor que vocifera su servicio a alto volumen.
  • Durante la noche, “trencitos de la alegría” y sus personajes de historieta, payasos callejeros, artistas de diversas ramas exponiendo su arte, frente a los teatros los actores promocionan a viva voz sus puestas en escena, etc.
  • Los negocios del centro estaban abiertos hasta las 2, 3 y 4 de la mañana en su mayoría. No me refiero sólo a los gastronómicos sino también a la venta de ropa, artículos regionales, calzado, kioscos, etc.
  • Las calles céntricas son convertidas en peatonales a partir de las 20 horas; esto lo observé como algo muy positivo generando un movimiento de gente muy flexible, seguro y con facilidad para el traslado.
  • Absolutamente toda la gente que atendía en diversos negocios se mostró amable, paciente, atenta, dispuesta a asesorarte y no te atosigan con el querer vender sí o sí.
  • Lo que en el segundo día ya se tornó “pesado” es el tema de los anunciadores de diversos negocios que por la calle te llenan de papelitos; coma acá, cene allá, carteras de oferta, la zapatilla con lucecitas en tal lugar, tal obra a tal hora en tal teatro… ¡Por favor, paren un poco!

 

Viaje de vuelta 

Para la vuelta, elegí la opción de la Ruta 2 por varias razones… 

  • Por curiosidad para ver cómo era el asunto del recambio de quincena. Yo viajé el 16 por la mañana, los que se irían de la costa en masa, ya lo habían hecho el día anterior y supuse que desde la Costa hasta la Capital Federal no habría un tránsito “de locos” como el de la mano contraria. Además, podría observar de la mano hacia la costa lo que nos muestran los noticieros en estas fechas: Largas e interminables colas de autos que están parados o van a paso de buey.
  • Por curiosidad en cuanto a ver en qué estado se encuentra la Ruta 2.
  • Pero la decisión fue tomada, sobre todo, por el problema de la Ruta 41 y sus “peraltes-pésimos arreglos” desde Navarro hasta Baradero. Tenía miedo de que alguien se nos viniese encima si justo nos cruzábamos en un mal momento.

 

No obstante, mi plan seguía siendo evadir la entrada a la Capital Federal. Veremos… 

Salimos a las 04:24 de la madrugada y llegamos a nuestro destino a las 14:30. Diez horas de viaje con un total de 643 kilómetros. Hice 3 paradas (40, 20 y 30 minutos).

Observen aquí las diferencias con el viaje de ida: Tardé 4 horas más con un recorrido de 34 kilómetros más largo. ¡¿Qué pasó?! 

El plan de viaje fue el siguiente: San Bernardo por la Ruta 11 hasta la Ruta 2 y por ella seguir derecho hasta la entrada a la Capital Federal. No entré allí directamente, seguí por la Autopista 25 de Mayo para luego pasarme al Acceso Norte, tomar la Ruta Panamericana y derechito a San Nicolás. Pero… ¡¿Qué pasó?! ¡¿Por qué tanta diferencia con el viaje de ida?! Veremos…

El viaje por la Ruta 2 venía bien; había tráfico hacia la Capital Federal, pero se podía ir a 100 o 110 kilómetros por hora en la mayor parte del recorrido. Observé que lo que muestran los medios de comunicación es verdad ya que la mano hacia la costa la cantidad de vehículos era impresionante. Desde San Bernardo hasta Dolores muchísimos autos y ómnibus en largas colas, y por ser una ruta (la 11) de doble mano, eran por contingentes (grupos) frenados por un vehículo que por ir a 80 km/h o menos frenaba a todos los de atrás y costaba sobrepasarlo. Pero desde Dolores hasta la Capital Federal, esa mañana del 16 de enero fue monstruoso porque la doble fila de vehículos nunca se cortó y, la mayor parte del viaje, los vi parados o avanzando a menos de 40 km/h. A esta altura me pregunto ¿la gente no conoce la Ruta 41? ¿Cuántas horas tardaron en llegar a su destino?

Volviendo a mi recorrido, hasta la Autopista 25 de Mayo no hubo mayores inconvenientes pero aquí sí que comenzaron:

  • Cuando pasamos varias salidas a diversas avenidas de la Capital Federal, comencé a ver con detenimiento los carteles para tomar la salida al Acceso Norte. Resulta que el cartel del camino que lleva a él ¡está 30 metros dentro de la curva de la salida, no hay ninguno sobre la Autopista que indique la salida! Sí, me lo pasé. Para esto, ya eran más de las 10 de la mañana (es decir, si hubiera ido por la Ruta 41, ya estaría en Ramallo y llegando a San Nicolás).
  • Entonces, en vez de volver retomando alguna salida, seguí derecho pensando en encontrar la Ruta 24 (que algunas veces tuve que tomar en mi época de Universidad); ella me llevaría directo hasta la Panamericana.
  • Pero, siempre hay un pero… Resulta que la Ruta 24 está total y absolutamente destruida, pasa casi toda por zona urbana (barrios y villas miseria) y está llena de camiones y colectivos (de una y otra mano); tuve que hacer casi todo el recorrido a 25 kilómetros por hora detrás de un camión destartalado y cargado hasta el tope. Pero el “pero” señalado más arriba no terminó… Resulta que a la altura del Coto, antes de pasar las vías del Ferrocarril de la línea San Martín, había una obra en construcción: El túnel que están haciendo para que la ruta pase por debajo de las vías. Me dí cuenta cuando casi me meto en la obra en construcción ¡porque no hay ni un solo cartel indicador! Menos mal que venía a 20, que si no, Crónica se hace un festín conmigo.
  • Entonces, tuve que desviarme (preguntando a vecinos) por Pueyrredón, cruzar las vías y retomar la Ruta 24.
  • Esto nos demoró muchísimos minutos.
  • Llegué a la Panamericana y allí sí, aliviado, derechito para San Nicolás.

 

Un dato importante: Peajes pagados…

¡Siete, sí 7 peajes pagados con este itinerario! Veamos… 

  1. Camino del Atlántico (General Conesa): 10 $.
  2. Covisur (Samborombón): 11 $.
  3. Coviares (Hudson): 1,90 $.
  4. Coviares (Dock Sud): 1,90 $.
  5. Grupo Concesionario del Oeste (empalme con Ruta 7): 3,20 $.
  6. Autovías del Sol (Campana): 4,20 $.
  7. Vial 3 (Baradero): 2,20 $.

 

Total pagado por peajes en el viaje de vuelta: 34,40 $ ¡y tardé 4 horas más que en el viaje de ida con un solo peaje de 10 $! 

 

Concluyendo 

En mis observaciones he visto aspectos positivos y negativos, tanto respecto de la gente como de la infraestructura. 

  • En pleno Siglo XXI, y ante un “recurrente problema” (es problema por los graves déficit existentes) ya no hay ningún tipo de justificación para que no tengamos en la provincia de Buenos Aires una buena infraestructura vial; a la costa llega gente desde todo el país y deja mucho dinero que no se refleja en las rutas, caminos, playas, existencia de cajeros y bancos para atención de diversos trámites (pagar facturas, cuentas, cobrar salarios, etc.), más puestos de atención al turista, etc.
  • Esta situación, el tener siempre los mismos problemas porque nada se hace para solucionarlos, es una cuestión típica de sociedades subdesarrolladas y gobernadas –digamos- “deficientemente”, sin ideas, sin propuestas, sin gestión de obras.
  • Se debe avisar al turista de la posibilidad de promociones tramposas y engañosas; además, en caso de haberlas, deberían sacar a esa gente pero, lamentablemente, están todos los días sin que alguna autoridad repare en estos engaños.
  • Debe haber alguna Federación que agrupe a los comerciantes; de ser así, considero que deben trabajar de otra manera para no querer ganar en 2 meses lo que necesitan para vivir todo el año; es que eso, seguramente, no lo logran con los precios que están cobrando; conviene tener los precios “normales” bajándolos y así venderán más cantidad y moverán más capital; al cabo de la temporada la ganancia será mayor. Esto siempre se hizo mal y todavía no se aprende la lección.
  • Los sitios web de las localidades nombradas y sus vecinas son todos muy deficitarios en cuanto a información para el futuro turista. No hay suficiente información respecto de los temas apuntados en este apartado como es muy poca sobre disponibilidad de alquileres de departamentos, cabañas, hoteles, etc. En estos sitios figuran sólo algunos hoteles y demás servicios privados al turista y no todos como debería haber. También observé que estos sitios no tienen todas las inmobiliarias agendadas, ni lugares para comer, de artículos regionales ni tampoco una programación sobre los espectáculos ofrecidos. Este tema es de vital importancia que lo mejoren en el plazo más corto posible, sobre todo, porque la cantidad de consultas y reservas vía web aumenta en cada temporada.

 

Federico Martín Maglio - 21 de enero de 2010