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 ¿A Quién Votar?, de Ricardo Primo  

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¿A QUIÉN VOTAR?

Por Ricardo Darío Primo

r.primo@intercom.com.ar

 

         La pregunta da vueltas en nuestra cabeza y nos invade la inseguridad del futuro. Pensaba que era propia de aquellos que por primera vez, deben acudir al cuarto oscuro para decidir los destinos de su pueblo. Pero escucharlo de los labios de personas que ya son abuelos, que aportaron toda su vida a una caja que ahora les abona mucho menos de lo necesario para vivir dignamente, es desconcertante.

         Porque ella expresa no solo un interrogante, sino también es portadora de desilusión hacia la clase política y no hacia el mismo sistema.

         Me dijo que a la democracia la están matando los actuales políticos. Inevitablemente para quien estudia el pasado, conoce como culminaban sus días, aquellos próceres que hicieron grande a nuestra Patria.

         Belgrano sin un centavo ni siquiera para su lápida. San Martín en el exilio, modestamente. Ya en nuestro siglo, Mitre sin grandes riquezas, Yrigoyen en la miseria y así podría seguir enumerando ejemplos de políticos que hacían de este quehacer, el objetivo de hacer feliz a su pueblo, a veces olvidándose de su propia vida; de su propio bienestar.

         Pero ahora, todo es distinto.

         No quiero que me roben más, no quiero que con mi voto, otra persona viva en la opulencia y yo en la miseria –me dijo-  el amigo con quien compartía la cena. Y a lo mejor tiene razón y lo entiendo.

         Fue votando a uno y a otros indistintamente, y unos y otros lo fueron defraudando. Pero, vota a cualquier partido – le dije -, a los más pequeños que en su seno hay gente que verdaderamente quiere cambiar las cosas –puse énfasis -. No, todos los políticos actúan iguales, replicó.

         De nada me sirvió explicarle que las generalizaciones no sirven. No todos los magistrados son insensibles hacia el dolor de las víctimas cuando dejan en libertad a los delincuentes. No todos los policías son gatillo fácil.. No todos los políticos son corruptos.

         Pero claro, la realidad cada día mata más las ilusiones de la gente. Porque a los ajustes económicos le siguen los ajustes de ideas.

         Agravados por la ausencia de un debate ideológico, muchos partidos políticos se nutren de aquellos que observan en la actividad política, una salida laboral a la crisis, una forma de llegar a un cargo o puesto y mejorar sus propia forma de vida ¿Pero si ganaran igual que en su empleo, o una suma infinitamente menor a la que perciben...  sería igual su interés por la cosa pública?

         ¿Qué dirían los próceres de la generación del 80´, los que construyeron este Estado Nacional que esta desapareciendo, al observar la realidad que nos suprime cualquier proyecto o futuro, tapándola con una crisis económica y moral sin precedentes?

         Mire a mi interlocutor, él había trabajado toda su vida;  había visto el desfile incesante de gobiernos militares y democráticos sin que ellos le mejoraran su vida, debiendo hacer frente a la miseria que lo embargaba y me di cuenta que tenía razón.

         En la historia de los pueblos se sostiene que cuando una nación entra en crisis o colapso que pone en vilo su misma existencia, es la oportunidad perfecta para refundarla. ¿Pero existe alguien con liderazgo, sobre el que no pese ninguna sospecha de enriquecimiento ilícito o corruptela, que pueda comandar este proceso político?

         No pude terminar la cena, sin que por mi mente, pasara como una película, el rostro de Sarmiento quien tanto hiciera por el país y muriera olvidado, sin un centavo en la vecina Paraguay, los de tantos otros, los de los ideólogos de nuestro siglo, algunos de los cuales pusieron fin a su vida observando como los devoraba la injusticia.

         Sin duda, un abismo entre ayer y hoy, y al despedir a mi amigo aún quedaba flotando su pregunta sin que pudiera darle una respuesta, ya que ahora...  luego de la charla, yo tampoco pude hallarla.