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 Autocrítica Pendiente, de Roberto F. Bertossi  

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AUTOCRÍTICA PENDIENTE

 p. Roberto F. Bertossi[1]

 bertossirf@yahoo.com.ar

Con el advenimiento de nuestra democracia, todos los sectores de la convivencia nacional –con una sola excepción-, fueron formulando sus propias autocríticas, libre, espontánea y voluntariamente, de uno u otro modo.

Durante estos días unos vecinos reflexionaban –nosotros también- en esos foros democráticos verborrágicos de nuestra `polis´ y `micropolis´, que les resultaba muy llamativo advertir que ese sector de excepción, fuera precisamente el correspondiente al periodismo el que, obviamente, también estuvo interactuando según cada línea o criterio editorial, según cada dueño, propietario o `patrón.

Este sector de las comunicaciones audiovisuales, escritas y orales, tan imprescindible como insustituible en un Estado de derecho propia de una democracia que busca su plenitud, pudo y supo expurgar –más o menos recientemente- jueces, legisladores, funcionarios pero, jamás a ninguno de sus miembros.

¿Cuándo se desplazó a una/un periodista..?

¿Cuándo, por razones de ética, discreción, admisión de errores propios, moral o neutralidad se autoexcluyó alguno?

¡He ahí entonces el hombre que podía y puede`tirar la primera piedra'!

Editoriales de autolegtimación, relaciones laborales, publicitarias, `compromisos políticos` de turno, ausencia de concursos y selección por antecedentes y oposición en el campo periodístico, preeminencia de la fama (puro cuento) popular, languidez  anodina del Comfer…

¿Se debe continuar ignorando reclamos poco menos, clamores, de una nueva teoría del valor periodístico que debería encarar nuevos descubrimientos de la subjetividad, esta vez con sus dimensiones más ligadas al conocimiento, la comunicación y el lenguaje..?

Puede cualquiera hacer las veces de periodista que interrogue sobre todo cuando no sabe académicamente de nada, huérfano de todo atavío científico, desnudo, impúdicamente…

Los reprochables, frecuentes y recurrentes “habría” o “podrían" en que se escudan algunos pseudo comunicadores –no pocos emparentados con las dictaduras- cuantas veces a la postre, manchan sin remedio el buen nombre y el honor de infinidad de personas y familias, definitiva e impunemente.

Ciertamente todo eso se corresponde con una critica sin atributos, con una especie de tenacidad de lo imposible y un `talento´ mutante sin par que produce y reproduce traductores (periodistas) para cualesquiera encrucijada política, económica o cultural que les permite hasta convencerse de que la misma persona, sus hijos y entenados, pueden acompañar todos los tiempos y épocas políticas, democráticas o no, inmaculadamente.

Este imposible, este sofisma de este poder omnímodo -falsamente posible- seria tal por el reaprovechamiento de la intuición, el saber espontáneo y la experiencia de vida de personas temerarias u ocasionales corresponsales móviles `al aire´ carentes de toda formación y no exentos – en tanto humanos – de sus mas bajas pasiones: figuración, coimas, `canjes novedosos´, etcétera; personajes, únicos capaces de retornar de cualquier ridículo.

Una critica autonomista parecería inadecuada –no lo es- en esta nota, en este medio, pues si la critica es el momento de debilidad de las cosas, la institución periodística parece no tolerar ni querer saber ni conocer su propia trama de fragilidad.

Es del todo necesario crear culturas periodísticas autónomas ante el hartazgo de voces, palabras y figuras que respiran inadvertidamente su fractura esencial, su origen sospechado y el ocaso de su reino ajeno a todo control, a toda conducta, a toda ética y responsabilidad social.

Proponemos alejarnos sin demoras de enfoques simplificadores – cuando no, irresponsables- que acostumbramos escuchar, ver y leer para evitar así toda recidiva de disloques que ofrecen maneras audiovisuales actuales; recursos y estrategias drásticas y marketineras que `pifian´ todo orden real con repudiables tramas comunicacionales.

Esta nota puede contener una redundancia, sí, la redundancia de la libertad y, allí mismo, donde solicitamos y exigimos una autocrítica pendiente, vemos también una innovación, pero, queremos verla con la cautela de quien dialoga permanente y verazmente con la persistencia del legado del padre del periodismo argentino, Mariano Moreno, fundador de La Gazeta que entendió imprescindible la imperiosa necesidad y el valor de dar a conocer la verdad para que todos podamos descifrar la información adecuadamente, antes que se convierta en errónea y lo peor, en ”credo” de muchedumbres.

Entre todos, deberemos sumar aportes para autentificar nuestros medios de comunicación de modo que logren esclarecer y concienciar al lector, al auditor, al televidente de manera objetiva, neutral y enriquecedora.

Ardua tarea, enorme desafío pero, no se dude, será muy bueno para que nuestra República abandone definitivamente su última y absurda muleta, tarea que demanda una autocrítica profunda y sin dobleces, cueste lo que cueste y caiga quien caiga pues, ¡jamás será tardía!

Otra redundancia la encontramos al fin y en esta nota por el lado opuesto.

Cuando quizás se esperaba algo `ditirámbico´, mirando y `leyendo´ una `Venezuela amordazada´, optamos constructiva y edificantemente excedernos por su reverso por el bien común, por el bien de la República.-

Septiembre de 2007


[1] Premios:

-Adepa-Faca, a la Abogacía Argentina, 1990.

-Gota en el Mar, 2005 al periodismo solidario.

Fundador de la primera Cátedra Universitaria de Derecho Cooperativo en Ibero América.

Docente e Investigador de la Universidad Nacional de Córdoba – Republica Argentina.