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CIUDAD VERDE: BELGRADO
Silvia Monros de Stojakovic <silwoolf@EUnet.yu>
Belgrado, 1999

Ciudad Verde

Al propio inicio de esta Eternidad cada vez más colateral, escribí un texto sobre el significado del nombre de la ciudad de Belgrado.

Expliqué en dicho texto que Belgrado quiere decir Ciudad Blanca.

La blanca ciudad ya esta verde. Dicen que ha llegado la primavera.

Quizá ya haya pasado. El color de la estación más hermosa del ano lo vemos solo en nuestros rostros. Desde aquel primer texto, el eterno retorno de lo pésimo ha sido cada vez peor. Lo que ha venido pasando desde entonces casi es imposible de concebir. Sin embargo, aquí lo inconcebible se sigue viviendo, noche tras noche, segundo tras otro. Por las mañanas, ya sin oír más las sirenas que silban a cualquier hora del día, por la radio oímos los nuevos alcances del "Angel Misericordioso", tal como se ha dado en denominar la llana agresión de los diecinueve países mas Avanzados del planeta: otro puente derrumbado, una nena de tres años muerta en el baño por el efecto de una bomba de fragmentación, un convoy de refugiados bombardeado precisamente cuando trataban de regresar a sus hogares, o mejor dicho a lo que de ellos quedaba, después de que un ya lejanísimo 24 de marzo empezara el bombardeo de todo este país, Yugoslavia, y sobre todo de la provincia del sur de Serbia, Kosovo. Pristina, capital de Kosovo, desde entonces se bombardea sin cesar día y noche.

Las imágenes de CNN por fin se han convertido en realidad.

Los refugiados tipo "Weg the dog" ya no son un instrumento de la campaña mediática. La campaña mediática es parte integrante de la guerra que se desata porque, como siempre, unos quieren apoderarse de lo de otros, pero ahora, a diferencia del pasado - cuando las špeleas se llevaban a cabo pecho a pecho -; ahora hay que recurrir al colmo de la mentira para que un desconocido pueda odiar a otro desconocido en nombre de la buena intención. Para que esté dispuesto a cubrir los gastos de tanto despliegue destructor; para que este dispuesto incluso a que su hijo arriesgue la vida en un lugar del mapa que apenas con lupa logra ver.

Ahora los refugiados y los desdichados son tanto los albaneses de Kosovo - cuyo número me temo va siendo aumentado con premeditación por la OTAN, para que el día de mañana esa padecida gente sin salida le sirva de carne de cañón - como también lo son todos los demás habitantes sobre los que las bombas siguen cayendo: los pasajeros de un tren, sobre las maquilladoras y los técnicos de una televisión profesional, sobre la Maternidad de la cual los recién nacidos tienen que ser evacuados a la calle, sobre los niños tuberculosos de un hospital de Belgrado que fue construido por los abuelos de los que ahora lo están destruyendo, a saber, por los veteranos de la Primera Guerra Mundial, en reconocimiento al heroico aporte serbio a la victoria contra el agresor, en tanto una amiga mía, que vive en un séptimo piso enfrente a un puente, lleva ya mas de treinta días descendiendo al sótano al toque de la sirena vespertina.

No bien amanece, ella sube a su departamento, y allí cae en un sueño total a través del que no oye las sirenas diurnas. De día, me dice ella, de día es otra cosa. Lo que pasa es que, al cabo de un mes, ya no puedo seguir poniéndome el mismo uniforme de espeólologa, porque solo tengo un buzo, y ni tengo tiempo de lavarlo como para que este seco hasta la noche, ni tengo tiempo de ir a comprarme otro - continua ella - ya que como tu sabes, en estas circunstancias cada movimiento requiere horas de autopersuasión, y su realización toneladas de energía. ¿Cómo ir entonces de compras?. Esta amiga es cantante de jazz. Como tal, ha participado en los conciertos por la paz, que a lo largo de este tiempo inmóvil han venido teniendo lugar en la Plaza de la Libertad. Ha participado en ellos con su magnifica voz, incluso después de haber estado tragando polvo en su sótano durante una nueva noche insomne. Incluso cuando de su garganta una vez solo salió silencio. Hoy, pero, esta amiga me dijo que de veras no podrá cantar más, no solo porque además de no haber dormido en su indumentaria sin secar - en tanto llovía a la hora de su actuación -: hoy, a tres cuadras de la Plaza, todavía excavaban los cadáveres ocasionados por la precisión cirujana de la Democracia.

Otra amiga mía vive en Pancevo, a unos veinte kilómetros de la capital. En Pancevo se aniquilaron las refinerías, la petroquímica y una planta de fertilizantes. Cuando finalmente logré llamarla por teléfono, esta amiga mía - mi mejor amiga de la facultad, de la Facultad de Filología - solo fue repitiendo palabras que nunca antes y en ninguna parte habíamos aprendido o podido aprender, todas ellas refiriéndose a productos tóxicos y altamente cancerígenos. Menos mal, me dijo tosiendo; menos mal que el viento se llevó la nube por los altos del Firmamento.

Esa nube, pensé yo, esa nube puede llegar a Italia, pero al embrión delirante tampoco le importan mayormente sus aliados no anglosajones, y menos aun los flamantes miembros de la Alianza, que tanto se esmeran por ceder su espacio aéreo no obstante la catástrofe ecológica que ellos también están sufriendo con la mancha que se desplaza por las aguas del Danubio mancomunado. Mientras yo iba pensando en todo eso: en la campaña

contra la nicotina en EE.UU. y en la belleza del David de Miguel Angel en Florencia (mientras incluso llegue a pensar que en el fondo quizá se tratara de un complot entre la industria del tabaco y la industria farmacéutica, puesto que los mayores productores del mejor virginia blend ya no pueden vender este producto en su saludable casa, y que aquí los que no fuman el triple de lo que antes fumaban, recurren ahora a sedativos, tranquilizantes y otras píldoras; y que, mientras iba pensando, yo seguía tratando de prender el fósforo raspando el cigarrillo en la cajita, porque el encendedor ya estaba completamente vacío), mi amiga también repitió: "Correr. Hay que correr en sentido contrario al viento. En sentido contrario. El viento, Silvia, hay que correr". El viento, el viento, me repitió mas de no se cuantas veces durante esa breve llamada telefónica que también duro siglos y siglos.

Bopal.

Esta amiga no se pone ropa mojada encima. Se pone una toalla húmeda sobre los ojos, y otra impregnada de bicarbonato sobre la boca. Cuando le propuse que viniera a nuestro tercer piso, relativamente alejado de la contaminación en Pancevo, ella me contesto, como todos los demás: me quedo donde estoy.

En efecto: ¿A donde ir con toda la vida de uno? Y así doce millones de veces.

Todo un país, y todos sus habitantes - todo un pueblo, que era, como ya dije, el único que acogía en su seno a todos los demás, todos estos seres humanos deberían refugiarse de tantísima Acción Humanitaria en alguna parte. Mas, ¿a donde ir con la vida?

El destino de cada uno resulta ser una interminable Biblioteca de Alejandría.

Decía Borges que, tal como según en el Budismo toda la sabiduría puede caber en un caracol, también el Universo podría caber en un libro; y que si este Libro fuera distinto, también el mundo lograría cambiar.

Por encima de las vidas humanas, aqui las bombas caen sobre las huellas de haber vivido, sobre el sentido para la posteridad: sobre archivos, monasterios, fotos, recuerdos, manuscritos.

Todos somos, pues, una enorme Biblioteca en llamas.

Un país entero esta convertido en campo de concentración.

Antes en este país no había ni jamas hubo campos de concentración, como nunca ha habido fosas masivas y matanzas étnicas. Hay, eso sí, excelentes métodos de tergiversar la verdad, y hay asimismo elaboradas técnicas de retocar los hechos, como también de componerlos de modo que sean todo lo contrario de lo que son. Postmodernismo puro. Infalible lavado de cerebros. Chiclet para el que tiene que pagar los impuestos.

Si de veras se hubiera anhelado la paz, por el precio de cada misil que siembra destrucción, se habrían podido construir escuelas para los niños en Albania, para los pequeños ciudadanos yugoslavos en Kosovo, para los alumnitos serbios que ahora van a perder el ano. Mas de un millón de alumnos no puede ir ahora a la escuela. Centenas de miles de trabajadores se han quedado sin trabajo. Las bombas han impactado sus fabricas, sus carreteras, sus huertos. Incluso las guarderías han sido impactadas por las bombas.

Y si de veras se hubiera anhelado la paz, en lugar de terror se habría facilitado la producción en toda la zona, donde la discordia tampoco había existido, por lo menos hasta que la civilización basada en Rambo no lo exportara junto con la bebida refrescante. Esa civilización se basa en el mito a la estúpida violencia, supongo que para contrarrestar la estupidez de su sistema de vida completamente achatada. Box-life. Excelentes expertos que no saben pensar ni saben para que les serviría eso, eso de reflexionar.

Por lo demás, Divide et impera. As simple as that.

En tales circunstancias, también hay defensa de fronteras territoriales, tal como EE.UU. defiende Texas, por ejemplo, para no hablar de los demás integrantes de su mano derecha, de su diestra Organización Atlántico Norte: cada uno de sus integrantes tiene mayores o menores inconvenientes con el separatismo.

"Separatistas del mundo entero, uníos", puede leerse en una pared aún no derrumbada de Belgrado.

Belgrado debe estar en plena primavera. El verde lo llevamos en la cara. Las ventanas están sucias.

En los vidrios de esas ventanas hemos pegado cinta adhesiva. Para que cuando estallen no queden mutilados ni los que están en su dormitorio, ni los que andan por la vereda. Tal como ocurrió en Rakovica, un barrio de esta ciudad.

Antes de que hace ya más un mes empezara este pacificador bombardeo, en broma decíamos a ver si nos bombardean de una buena vez, que si no, tendremos que lavar las ventanas. Entonces ya sabíamos que no solo las ventanas estaban mas que sucias.

De todas maneras, no nos podíamos imaginar que llegara a violarse la Constitución Universal, esto es, la Carta de las Naciones Unidas. Que la Organización Mundial en el fondo no fuera otra cosa que un paquete de dolce far niente; que el Derecho Internacional también se viniera abajo.

La lista de infracciones en este sentido seria muy extensa, empezando por el chantaje que trato de hacerse en unas negociaciones múltiplemente cínicas, a pesar de que es sabido que no esta permitido ejercer coerción alguna para que un país firme algún acuerdo o tratado que perjudique sus propios interés (Rambouillet), y terminando por los proyectiles lanzados contra la morada del presidente de un país soberano, que por menor gracia que me haga dicho presidente, tenía entendido que como tal gozaba de una cierta inmunidad. Que le vamos a hacer: creía en el juego limpio. Creía, como todos los de buena fe; como los que del otro lado se tragan las desventuras de las albanesas violadas, escandalizándose tal como yo me escandalizaría si fueran verdad, y tal como me escandalizo ante una falsedad tal.

Baste entonces con subrayar que se trata de un capitulo sin precedentes en la historia de las relaciones presuntamente arregladas entre los humanos.

Soy Cat People y soy Dog People, y quiero a todos los animales, sobre todo a los caballos. Pero por ahí uno de mis perros callejeros alcanza a uno de mis gatos del terreno baldío al doblar la esquina. Si no lo atrapa y no lo devora, el gato se pone a acechar las palomas que una ancianita alimenta tal como yo doy de comer tanto a gatos como a perros.

Las palomas, pero, también tienen que comer. También tienen que comer algo, o comerse a alguien; a algún otro ser viviente. La hierba también tiene su vida. Lo mismo que las piedras, las olas del mar, un claro de luna.

A los gusanos los nutrimos mutuamente, los hombres. Los únicos que, dentro de la ley del mas fuerte, para colmo tenemos que mentirnos. En la mentira estriba la diferencia.

Las bombas entretanto siguen cayendo.

En estos instantes, de nuevo la sirena.

Mas, como venía diciendo, por teléfono todavía sigo visitando a los amigos. La amistad es el verdadero Libro Fulguralis. Así, una tercera amiga me expuso esta mañana las ventajas del hot-mail, y siguió hablando con obsesión de la electrónica, así como de los peligros que ella conlleva. Una cuarta amiga me aclaro, obsesionada, la estratagema entre el Vaticano y los masones. Una quinta mencionó a los Templarios, que hace exactamente un milenio también se empecinaron en cruzar estas tierras, añadiendo que solo era cuestión de dejar pasar a los que tienen tanto apuro por seguir adelante, y en todo caso cobrarles el peaje o la visa. Una sexta, séptima o décima me desarrollo con todo lujo de detalles su concreta situación financiera.

Gracias a lo aturdida que yo también estoy, todavía puedo hacer de oído a estas historias personales que, como Ortega y Gasset coincidentemente decía con respecto a los desplazamientos humanos en esta parte del mundo, constituyen demasiada Historia como para poder ser absorbida: hago de oído, pero ni oigo esas historias, ni me oigo a mi misma al hablar ya ni siquiera de animales, sino del perfume de las flores.

El perfume, las flores: una obsesión mas, ahora que en plena radiancia primaveral tenemos que permanecer en la penumbra incluso donde todavía haya luz eléctrica, como que tenemos las persianas bajadas.

Por supuesto, no por miedo, sino porque cuando se rompen los vidrios, no querríamos que alguien se lastimara.

Ni siquiera los que hasta ahora ya nos han echado encima y por dentro el equivalente de ocho Hiroshimas: si mañana alguno de ellos viniera como hace mas o menos un año vino Vargas Llosa, también a el lo llevaríamos a cenar al restaurante "Reka". También al desertor de Vietnam, que tan simpático se nos hacia cuando creíamos que era aficionado a la música, aunque ese Pantaleón nunca estuvo por aquí ni nos conoce. E incluso a su Secretaria de Estado, que en cambio si conoció a los serbios, los cuales durante la Segunda Guerra Mundial la salvaron de las persecuciones a las que ella se vio expuesta de niña, cuando su padre estaba en misión diplomática por aquí. Parece que cuando se salvo de la SS, tampoco los serbios la tocaron. De ahí su despecho.

Dicen incluso que esta guerra estallo porque un buen día, previo a la primavera septentrional, la Sra. Albright irrumpió en el Pentágono y pregunto: "¿Muchachos, hacemos el amor o la guerra?".

Y dicen que todos los señores presentes contestaron unánimemente: "¡La guerra!"

Esto es lo que dicen algunos belgradenses que la conocieron cuando ella estaba en flor.

Belgrado y sus ciudadanos ahora están verdes.

Mis paseos ahora se reducen al circulo de los hospitales vecinos: junto a ellos siempre y en todas partes hay arboles.

Esos hospitales son ahora para mi la ventanita de Ana Frank en

Amsterdam.

Otros cociudadanos ya están adentro del hospital. Adentro también están los heridos que llegan de otras partes. De Kosovo, de donde un niño de cinco años estuvo siendo reanimado. Hasta que el ultimo proyectil celestial convirtiera el verde virtual en negro irreversible. En la Academia Medica Militar, probablemente por lo problemático de esta ultima palabra.

Como cuando en alguna parte de este mundo cada vez más interrelacionado y también desproporcionado; cuando hace poco en nuestra realidad conjunta se quemaban las novelas de Stendhal, porque una de ellas se titulaba "Rojo y negro": los analfabetas en el poder de las estaciones del ano debieron sentirse apeligrados con tanto color.

Verde, que te quiero ver.

Silvia Monros de Stojakovic

 

P.S. No estando en condiciones siquiera de agradecer personalmente a

cada uno de los lectores de Ciudad Blanca, con respecto a Ciudad Verde desearía dejar en claro de antemano que pude ser reproducirlo sin pedir mi previa autorización. Cuando pueda, y si puedo, seguiré escribiendo. Tengo en mente Otra Ciudad. En efecto, la semana pasada acompañé a mi hija a Budapest. Escribiría pues de ese viaje; del hotel repleto de yugoslavos de todas partes, que en realidad es un campo de refugiados; y de la preciosa calle peatonal en Pesta, que de repente apareció como un mundo paralelo a pesar de que - no obstante las indescriptibles dificultades por las que los de a pie venimos pasando por acá desde hace años - hasta hace poco mas de un mes era el mismo repertorio que aquí: Sting, Queen, George Michael.

Y otros muchos interpretes cuyos nombres mi hija conoce mejor. Pero en Budapest nos separamos. Ella prosiguió el viaje hacia Amestradam, para llegar solita a la Argentina, en tanto que yo, que como argentina podría viajar incluso a EE.UU., volví a Belgrado, al epicentro del Humanismo y Renacimiento Made in Usa: como ya dije en mi primer texto, también tengo un hijo, y este hijo esta cumpliendo el servicio militar.

Esta mañana le mande un paquete con chocolatines, entre otras cosas: en el paquetito también puse un repelente contra las garrapatas, así como una carta en la que le escribía que su hermana se había ido. Que había tenido que irse; que yo considere que para ella mejor que se fuera, pero que yo volví.

Estoy pues de vuelta; y cuando pueda y si puedo, seguiré escribiendo. Otra Ciudad. Desde Belgrado.

Mas, si algún día a alguien se le ocurriera reconstruir todas mis ciudades a modo de Diario de Guerra en forma de libro, lo único que pediría es que los posibles derechos de autor llegaran a mi hija Sanda Stojakovic, en Buenos Aires.

Silvia Monros de Stojakovic