FMM
EDUCACIÓN

República Argentina - Buenos Aires - San Nicolás
Educación, política, economía, historia, libros, nuevas tecnologías

Usted está en...

 Cuando los Peones Mueren..., por Lelio Merli  

Presentación

Inicio
Mi currículum
Editoriales
Mapa de este sitio
Novedades del sitio
Mi portal
Mi bitácora
Mis cátedras
Premios
Bromas de mis alumnos

Secciones

Alumnos
Humor educativo
Informática
Nuevas Tecnologías
Materiales para el aula
Escritos
Biblioteca Digital
Pedagogía
Proyectos
O.N.U.

Historia

Historia
Documentos
Notas
Un paseo por...

Recursos

Notas
Const. América latina
Documentos
Películas y Series
Educación especial
Esq. conceptuales
Frases célebres
Papelería
Presentaciones
Videos

Sistema Educativo

Entrada en la sección
Represent. docente
Leyes de Educación
Informes sobre Educ.
Docum. curriculares
Banco Mundial
Pol. educ. en Argentina
II Cong. Ped. Nacional
Críticas al sistema
Univ., Ciencia y Tec.
Provincia de Bs. As.

Comunicación

Enlaces
Contácteme

RECURSOS

 

Cuando los Peones Mueren... Por Culpa de los Ingenieros

por Lelio Merli

 

Aquí en Rosario, ciudad de 3.306 manzanas, después de un sinnúmero de accidentes menores y de varios fatales, la ciudadanía exigió a la Municipalidad el aumento de inspecciones a las obras particulares. La Municipalidad aclaró que las inspecciones son de rutina y que la verdadera responsabilidad diaria es de los profesionales que toman a su cargo las obras. Para algo se colocan los carteles con los números de matrículas. Para algo las facultades otorgan diplomas habilitantes a los profesionales. Si ellas entregan los títulos sin el período de práctica correspondiente –cosa inadmisible en medicina-, sería necesario corregir los programas de estudio.

Cuando yo estudiaba derecho, en Europa a los estudiantes de escribanía se les daba tres años de estudio de derecho, pero la práctica notarial se obtenía con tres años de trabajo en una escribanía. No sé si esa buena práctica continúa en la actualidad, en este mundo globalizado. Es que la responsabilidad que toma un profesional al recibirse no concluye donde termina su trabajo. Ella lo acompaña por el resto de su vida, como lo acompaña al médico con cuanta urgencia se le presenta a diario, aunque el enfermo o accidentado no fuera su paciente. Si elude su participación, se lo acusa de abandono de persona. Esa responsabilidad debe acompañar a los ingenieros, lo mismo que a los mecánicos. Esa es la verdadera responsabilidad profesional. Respecto a ella le daré algunos ejemplos ilustrativos.

Trabajé algún tiempo con los Ingenieros Petersen y Thiele -luego constructores del dique El Cadillal- en mi juventud. Aprendí con ellos que los peones nunca deben estar solos en un trabajo, Siempre deben trabajar de a dos. Era una empresa donde nunca había accidentes. Generalmente la dupla se constituía con un albañil experimentado y un peón joven. Hace poco cayó una torre de telefonía. Mandaron a un peón de 22 años a arreglar –solo- el anclaje de un tensor. Algo habrá aflojado puesto que la torre se le cayó encima. El ingeniero dormiría la siesta, era verano. El seguro pagará la muerte (es lo más barato). Sus hijos, con suerte los criará otro padre y el ingeniero seguirá durmiendo la siesta en verano. Es un derecho constitucional. Hace algunos años murió otro peón, estúpidamente. Un ingeniero amigo mío estaba con su auto estacionado frente a una pequeña demolición donde había un hombre trabajando solo. Era sábado y su mujer estaba comprando algo sin importancia en la vereda de enfrente. Cuando regresó el ingeniero mantuvo este diálogo con su esposa:

-Querida: Espérame un minuto que voy a advertirle al hombre que está trabajando enfrente que si sigue golpeando allí, la losa se le caerá en la cabeza.

-Siempre el mismo idiota –le contestó su mujer– Vos te preocupás por los demás y no tenés trabajo. Mientras tanto el otro ingeniero, que tiene trabajo y dirige esa obra, no lo hace. Dejá que se preocupe él que tiene la obligación. Vos llevame a casa que se me hace tarde. No te olvides que tenemos que ir a cenar con los Anchorena Poliladron.

Como Ud. se imaginará, el final de esta historia real es previsible: la losa se cayó y mató a ese hombre pobre que quiso ganarse unos pocos pesos extras un sábado a la tarde. La cena se le atragantó al pobre ingeniero, cuando la T.V. dio la noticia del accidente. Dos días después terminó de digerirla y entonces le recriminó a su mujer su mal consejo:

-Por tu culpa murió un hombre, estúpidamente. Mi obligación como profesional era advertirle y si no me hacía caso, llamar a la policía. Ellos le habrían impedido trabajar dada mi intervención como profesional y habrían obligado a comparecer al ingeniero que dirigía –según rezaba el cartel- la obra de demolición, si no hubiera ido a pasear al campo.

La mujer le contestó de inmediato:

-Siempre el mismo idiota: Ahora tengo la culpa yo, que no entiendo nada de cemento armado. ¿Para qué sos ingeniero? ¿Cómo me vas a hacer caso a mí, que soy una pobre ama de casa? Ahora comprendo porqué no tenés trabajo.

Sólo le contaré un caso más de los muchos que recuerdo de accidentes en obras en esta nueva época de la irresponsabilidad profesional. Ocurrió con el Supercop de Rosario. Otro ingeniero amigo dirigía la demolición. El techo de chapa, parabólico, estaba apoyado sobre una pared de treinta. Allí, se practicó un boquete de 4m. X 4m. Sin hacer columnas previamente, ni viga, antes de comenzar la abertura. El techo se desplomó a la siesta cuando los trabajadores descansaban, por suerte, afuera, en la calle. Y el Supercop cerró para siempre. Vinieron los juicios. Los ingenieros que elaboraron el proyecto no se consideraron culpables. Ellos habían indicado la perforación en un croquis a lápiz; era sólo una indicación. El ingeniero a cargo de los trabajos debía saber mejor que nadie que era necesario reforzar antes la pared a la que debía practicársele tan tremendo ventanal, con columnas de cemento o con rieles de hierro en los futuros bordes verticales y el dintel. El ingeniero de obra adujo que ello debía indicarse específicamente. No tuvo penas pero sí castigo: Mi amigo no consiguió más trabajo en Rosario. Nadie más confió en él. Y por suerte no hubo muertes.

He extraído de mis recuerdos estos tres casos desgraciados que tienen un paralelo notable. De los tres se deduce que cualesquiera fueren las circunstancias, la responsabilidad acompaña siempre al profesional. Aunque esté ausente (pero figure a cargo). Aunque esté presente accidentalmente (SIC). Aunque esté ocasionalmente trabajando en un proyecto ajeno. Siempre será su responsabilidad, legal o moralmente. Si pasa por delante. Si está cerca. Si ha visto o si ha oído. Siempre debe intervenir para evitar una desgracia. Inmediata o futura. Aun cuando la obra está terminada y haya detectado una falla. Porque al igual que el electricista, en su materia, de un solo golpe de vista reconoce un peligro mortal. Por eso, igual que al médico, jamás se le aceptará una excusa. A los estudiantes que eligen ser ingenieros, es lo primero que se les debe enseñar: la responsabilidad del profesional es total y absoluta. Es parte de la profesión.

Lelio Merli