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 Fiscalías Ambientales, de Roberto F. Bertossi  

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FISCALÍAS AMBIENTALES

p. Roberto F. Bertossi[1] 

bertossirf@yahoo.com.ar

Las evidencias nacionales y globales ante derivaciones propias del cambio climático y los  daños ambientales;  las respuestas posibles de ‘madre naturaleza’ a tanta provocación y necios desafíos, ciertamente puede asustar hasta devastarnos, sobre todo a partir de demasiada testadurez e insensatez humana impune: (Inundaciones de Santa Fe, New Orleáns, Tsunamis, sequías e incendios  (Vg. California) etcéteras que provocarán mas temprano que tarde, naturales migraciones internas y externas ante lo cual somos indigentes respecto de programas estratégicos urbanos y rurales de arraigo y desarrollos prospectivos, de prefactibilidad de servicios esenciales estratégicos, etcéteras.[2]

La problemática de la contaminación del medio ambiente reflejada en conflictos climáticos tremendos y sucesos nacionales y extranjeros, deberían alertarnos y movilizarnos más activa, creativa y responsablemente  sobre el particular.

Por su parte, nuestra Constitución Nacional como Tratados Internaciones pertinentes nos aseguran que toda persona tiene derecho a gozar de un medio ambiente sano. Este derecho comprende el de vivir en un ambiente físico y social libre de factores nocivos para la salud, a la conservación de los recursos naturales, y la preservación de la flora y la fauna.

El agua, el suelo y el aire como elementos vitales para el hombre, deben ser materia de especial protección garantiza nuestra Constitución en términos de supremacía. ¿Cómo entonces podremos continuar conviviendo "callados y desprotegidos" ante emergencias hídricas, de saneamiento, viales,  consecuente y eventualmente sanitarias cíclicas,  recurrentes..?

¿Porqué  entonces, no defender nuestros principios ambientales sin envalentonar a sus verdugos ?

Cada municipio, cada provincia, cada Estado, cada organismo supranacional están comprometido gravemente en esta protección debiendo ordenar el uso, explotación, explotación y resguarda del equilibrio del sistema ecológico, sin discriminación de individuos o regiones.

Por eso es preciso dictar normas que aseguren: 1) La eficacia de los principios de armonía de los ecosistemas y la integración, diversidad, mantenimiento y recuperación de recursos; 2) La compatibilidad de la programación física, económica y social con la preservación y mejoramiento del ambiente; 3) Una distribución equilibrada de la urbanización; 4) La asignación prioritaria de medios suficientes para la elevación de la calidad de vida de los asentamientos humanos.

Por cierto, los tremendos intereses corporativos no tienen ni dirección ni desempeños erráticos. Están firmemente determinados en la lógica del máximo beneficio y de la rentabilidad, en un comercio reñido, antagónico e incompatible con el medio ambiente, poco menos, en términos de terrorismo ambiental.

Pero, esos intereses benefician a algunos y a algunos más en tanto, los daños ambientales afectan y pueden afectar a la humanidad toda, sin "arcas de Noe" ni cosa semejante.

Incrementa nuestra inquietud el hecho cierto de que no existen programas de educación y concientización ambientales –para usos y consumos-globales, nacionales y locales eficaces y tampoco  disponemos en pleno agroboom de regulaciones agrícolas razonables, adecuadas, pertinentes y oportunas (Vg. para desatino sojeros en Santiago del Estero, Tucumán, Chaco, Córdoba, etcéteras) eficientes; elementos básicos para generar en las personas percepciones, valores, comportamientos y actitudes que sea acordes con un ambiente equilibrado, elementos imprescindibles para propender a la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible, naturalmente razonable, en términos de un mejoramiento de la calidad de vida de la población y de las generaciones por venir.

Esta educación ambiental debe programarse sin demoras ni vetos presupuestarios, constituyendo un proceso continuo y permanente, sometido a constante actualización, que como resultado de la orientación y articulación de las diversas disciplinas y experiencias educativas, favorezca y facilite un "termómetro" mas humano del ambiente y el desarrollo de una conciencia y de una fuerte cultura ambiental.

En efecto, las medidas educativas ambientales deben sujetarse a la ecuación: “realidad y calidad ambiental”.subordinandose a principios como, la armonización de legislaciones[3] y de agencias o entes reguladores en todas las jurisdicciones, esgrimiendo a la prevención como estrategia y la plena vigencia del principio de precaución ambiental de modo tal que –invertida la carga de la prueba- el que se supone podría dañar el ambiente, ha de demostrar fehacientemente lo contrario así como principios de cooperación, solidaridad, sustentabilidad, subsidiariedad, responsabilidad, progresividad y de equidad intergeneracional.

¿Quién advierte sobre la progresiva degradación ambiental?

¿Quién conoce el modo, el cómo se va lesionando y menguando la calidad de vida de la población?

¿Quién mide o prevé los múltiples y diversos impactos ambientales?

¿Quién puede ponderar humanamente los daños derivados de la irresponsable utilización de  residuos industriales?

¿Quién controla la adulteración, degradación y contaminación del agua, del suelo, la atmósfera, de los recursos naturales en general que, no se dude, han puesto en riesgo las humanas condiciones de vida, de los seres vivos en general, de la diversidad biológica, de la fauna, de los bosques, de los montes, de la flora, de los sistemas ecológicos?

Acaso alguien puede pensar que así se respetan los presupuestos mínimos de protección ambiental?

A modo conclusivo, la responsabilidad legal, objetiva y subjetiva por daños ambientales, las medidas autosatisfactivas, las acciones de clase si bien son un avance novedoso, son relativas e insuficientes.

Entonces es de la mayor premura institucionalizar fiscalías ambientales para que procedan de oficio, denunciando y persiguiendo pública y penalmente a todo aquel que dañe el ambiente utilizando irracionalmente recursos naturales (aire, agua, tierras, minerales, bosques, floras, faunas, etc.), corrigiendo y revirtiendo los desatinos sin perjuicio de las responsabilidades civiles, legales y ambientales.

Bueno es recordar siempre que la diversidad en los recursos naturales como en las especies están siempre acompañadas de una diferencia de esencia. La razón de que la diferencia que dividen Vg.,  el genero sean contrarias o mantengan entre sí relaciones de perfección e imperfección por principio de oposición, contrariedad y hasta la  privación de "la pose" no pueden hacernos claudicar ni demorarnos en conjeturaciones de auto inmolación, precisamente distrayéndonos e insensibilizándonos de lo esencial para la vida como lo es, en principio, todo lo concerniente el agua potable, el aire, la flora, la fauna y el paisaje.

Finalmente, debemos progresar decidida e integralmente acreditando y "tejiendo" relaciones y acciones interinstitucionales competentes y de excelencia, mancomunadas, locales, regionales, nacionales y supranacionales; con patrullas ambientales, locales y regionales, con la responsabilidad social del periodismo, de los dirigentes, de los funcionarios, con responsabilidad social empresaria agraria, forestal, hídrica y minera certificada, disponiendo finalmente, sin demoras, la implementación estratégica de fiscalías ambientales.

 

[1] Premios:

-Adepa-Faca, a la Abogacía Argentina, 1990.

-Gota en el Mar,  2005´ y   2007´  a  la trayectoria y al periodismo solidario grafico.

[2]  (Simultáneamente,  que duro verificar que intereses sectoriales económico-financieros prevalecen sobre el interés general y global con Rallyes internacionales, provinciales, regionales y locales; con  cataratas de construcciones que no respetan ni se ajustan mínimamente a estas pautas y recaudos tan elementales como irrenunciables para cualquier autoridad local).

[3] Arts. 41,43,  75 inc. 22 y cc. Constitución nacional; Leyes Nros. 25.612, 25.670, 25.675, 25.688, Decreto 2413/2002.