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 MERCOSUR Tucumano, de Roberto F. Bertossi  

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MERCOSUR tucumano

 p. Roberto F. Bertossi[1]

 bertossirf@yahoo.com.ar

 

El Mercosur ha decidido volver a reunirse nuevamente en nuestro país, puntualmente,  en San Miguel del Tucumán de la Republica Argentina una republica agitada por estas horas con inquietud agraria absurda  sin precedentes.

El evento se concretaría para fines del mes de junio próximo ya que, transcurridos  más de tres lustros desde la creación de este Mercado Común un 26 de marzo de 1991 con sus propósitos de aumentar el grado de eficiencia y competitividad de las economías involucradas con solidaridad social e interinstitucional ampliando las actuales dimensiones de sus mercados y acelerando su desarrollo económico,  a la fecha el Mercosur no puede acreditar aún resultados palpables aproximándose en ocasiones más a la percepción de otra oportunidad perdida.

Con una perspectiva centralmente aguda, Juan J. Llach sostiene respecto del Mercosur actual, que su coordinación macroeconómica está faltando casi desde el origen, y esto es fuente del languidecimiento, triste, del Mercosur. Cree él sin embargo que gobiernos como los de Brasil, Chile, Perú, Uruguay, y al parecer ahora también Paraguay, abren horizontes promisorios para que podamos aprovechar la inédita oportunidad de desarrollo que el mundo nos ofrece.

El proyecto Mercosur hoy dispone privilegiadamente de una posibilidad sin par para el aprovechamiento  de recursos disponibles abundantes en el marco de una singular coyuntura internacional para sus productos primarios brindándonos de tal modo una oportunidad histórica para reposicionarnos globalmente con un aprovechamiento y una respuesta adecuada en la consolidación de grandes espacios económicos en el mundo, singularmente en el Sud-Sud.

No dejar pasar posibilidades y oportunidades semejantes será satisfacer   la necesidad de lograr una presencia supranacional y subcontinental concreta, presencia que todavía refleja más lo ideal que lo posible delatando simultáneamente acuerdos y preferencias bilaterales reñidas con el marco y los objetivos específicos del Tratado Común del Sud.

A todo esto y como bien señala el profesor uruguayo Quagliotti de Bellis,  ya hemos escuchados demasiados discursos y actitudes contra fácticos de algunos presidentes sudamericanos, muy alejados del propósito fundacional de integrar personas antes que meros protocolos puesto que, todo eso,  incrementa la percepción social-regional de que sólo se trata de otro ámbito de negocios y nada más, sin ninguna repercusión en sus vidas, economías, adelanto y bienestar.

En efecto, `la  rémora´ en la creación plena y concreta de un centro conjunto de excelencia pensado en la necesidad evidente de formar no solo personas habitantes y ciudadanos del Mercosur sino funcionarios vinculados y capacitados para una eficaz, eficiente y postergada integración,  aleja cualquier posibilidad y aliento para contribuir a fortalecer una fuerte conciencia regional  subcontinental.

Otro tanto se puede decir desde el punto de vista social, con respecto a la creación y funcionamiento pleno y prioritario de un Observatorio Social del Mercosur ya que, este organismo en primer lugar,  tiene como meta unificar los indicadores atento que el trabajo, el trabajo indecente, el trabajo en negro, la explotación juvenil,  la pobreza, la indigencia, la inflación, la satisfacción de usuarios y consumidores y la desigualdad  se viven y se miden de manera distinta en cada uno de los estados miembros y, en segundo lugar, unificar los programas sociales como avanzar en su convergencia y complementariedad respetando las peculiaridades nacionales.

De este modo este Mercosur continúa postergando un perfil humano,  social y solidario que, paradójicamente, es su espíritu y su alma fundacional incrementando simultáneamente recelos y descreimientos al quedar anclado en meras declaraciones diplomáticas de buenas intenciones las que ante su recurrente ineficacia, vienen empedrando, explicando y prediciendo  su concreta debilidad.

En efecto, como bien sostiene ese profesor uruguayo, director de la Asociación Latinoamericana de Estudios Geopolíticos e Internacionales, Quagliotti de Bellis,  algunos de esos discursos y algunas actitudes no esconden ni disimulan del todo, posibles expectativas ideológicas hegemónicas y sobredimensionadas vg., el anillo energético, el gasoducto del sur, las rutas bioceánicas, la  banca de desarrollo regional,  sistemas  portuarios y hasta un ejercito del Mercosur-, provocando  en algunos casos, por efecto de su trasfondo ideológico una marcada reacción frente a ellos, pues estarían reflejando distintos proyectos de liderazgo que no cuentan con un consenso subcontinental  tensando la cláusula del Mercosur, según la cual para ser parte del bloque hay que ser un Estado auténticamente democrático.

Es que  nuestra realidad política sudamericana acredita la imperiosa necesidad de una rehabilitación republicana –la concreta división y el funcionamiento efectivo de los tres poderes- especialmente,  en países relevantes y centrales para este Mercado Común del Sud todo lo cual descalifica en los hechos la cláusula de referencia exponiendo innecesariamente la verosimilitud del MERCOSUR en cuanto tal.

Así entonces, todo esto se suma y multiplica para revelar cierta languidez,  opacidad y lo anodino de un Mercosur no solo para con su cometido sino para claras definiciones respecto a los derechos humanos tal el caso respecto de las FARC, etnias indígenas  o el reciente conflicto Ecuador-Colombia-Venezuela; lo inocuo en términos energéticos regionales ante las potencialidades bolivianas y venezolanas al respecto, etc.,   razones por las cuales, es preciso  profundizar y expandir auténticas democracias  con mayor y mejor legitimidad, con más federalismo y autonomía municipal, regionalizando el conocimiento, la inclusión, la equidad, la justicia, el derecho -logrando un digesto común y actualizado de leyes, tratados, normas y resoluciones aplicables a cada situación controversial en la región-; plasmando infraestructuras regionales eficientes, transparentes y posibles con creciente seguridad jurídica para ampliar atractivamente un catálogo pro-inversiones  en la región.

Igualmente es preciso implementar un `banco de ideas, proyectos, alimentos, mediaciones y soluciones alternativas de eventuales conflictos internos o regionales´,   alcanzar y ofrecer simetrías regionales razonables en políticas fiscales, convergentes y complementarias especialmente para las pymes, con más  políticas sociales y de incentivos para la infraestructura, el crédito, la producción, la agroindustria, el intercambio, las exportaciones, las nuevas tecnologías,  la ciencia, la técnica y una investigación permanente que nos provea de una institucionalidad y de un pensamiento propio para alcanzar respuestas adecuadas a las nuevas oportunidades, amenazas y demandas de los nuevos tiempos, con rigor y prontitud.

Asimismo es toda una mácula para el Mercosur que en plenos esfuerzos mancomunados para la preservación del medio ambiente,  el mejoramiento de las comunicaciones,  la coordinación de las políticas macroeconómicas y la complementación de los diferentes sectores de sus economías, todavía no hayamos  sabido, querido y/o podido resolver la cuestión diplomática argentino-uruguayo por la pastera Botnia.

Concomitantemente  resultaría útil replicar un Fondo de Cohesión como posee la Unión Europea, esto es, un  instrumento estructural que  ayude a los Estados miembros a reducir las disparidades económicas y sociales así como a estabilizar sus economías.

El Fondo de Cohesión financia allí  hasta el 85% de los gastos subvencionables de proyectos de gran envergadura en el ámbito del medio ambiente y la infraestructura de transporte, fortaleciendo la cohesión y la solidaridad en el seno de la UE. siendo países más `acompañados y asistidos´ aquellos miembros menos prósperos de la misma.

En Córdoba, Argentina, cuando se realizó en el año 2006 ppdo.,  una Cumbre ampliada, toda una `ventana de oportunidad  mediterránea´  aprovechable para  re-pensar y relanzar un Mercosur en términos de políticas públicas sociales, regionales convergentes con mayor capacidad en gestión de integración supranacional y de la que todos esperábamos hubiera sido un verdadero logro, a la fecha nada se sabe sobre resultados palpables de la misma, quizás, otra oportunidad perdida, salvo la foto de presidentes y dignatarios en el esplendoroso Palacio Ferreira, claro está.

Vivimos en una región que debe integrar sin más demoras ni distracciones,  heterogeneidades nacionales para relanzar su Mercado Común  con innovación permanente, mayor capacidad de gestión en integración ante nuevos procesos de cambio, relanzamiento que no debe excluir la exploración de aproximaciones soberanas con otros tratados geopolíticos  internacionales relacionados con mercados de mayor envergadura tanto en América como en la Unión Europea o los países asiáticos; esfuerzos todos estos que en modo alguno debieran ser desalentados por  exacerbados personalismos presidenciales, polémicos y confrontativos  “ad-intra  & extra muros”.

Para concluir y,  ante un mundo que se ha achicado incrementando oportunidades –a pesar de persistentes obstáculos arancelarios o el proteccionismo- redoblamos nuestro voto de confianza y compromiso para poder alcanzar entre todos -los `mercosurianos´-  una franca mancomunión  regional  iterativa que nos permita finalmente ser capaces no sólo de aprovechar sino de ofrecer seriamente, mucho más que coyunturas peregrinas en tanto permitan también,  construcciones significativas, relevantes y consolidables de desarrollo humano, de paz regional, de legitimidad, de crecimiento regional con  equidad social para lograr finalmente una más aceptable membresía internacional.

Nada mejor entonces que nuestro histórico Tucumán para superar algunos sinsabores  verificados en este proceso de integración del sud, nada mejor que este icono de la independencia argentina nos vuelva a reencontrar sin reservas con nuestros países vecinos y hermanos mediante nuevas y novedosas confraternidades proactivas y fructíferas  a partir de  una sólida coordinación macroeconómica,  `dulces y concretas tucumanidades´ con nuevos programas sociales y de negocios para un Mercosur definitivamente  autónomo,  independiente, responsable, eficiente y útil social, geopolítica, cultural y económicamente en el marco de una maravillosa  multiculturalidad iberoamericana. 


 

[1] Profesor universitario de derecho cooperativo.

Premios::

- Adepa-Faca, 1990 a la abogacía argentina, 1990´

- Gota en el Mar,   2005`    y   2007´