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 El País de la Libertad, Marita Sabas  

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EL PAÍS DE LA LIBERTAD... ¿?    

La charla con mis alumnos de primer año E.G.B.

 

Todo empezó el otro día...cuando a modo de “preparación” para lo que después sería el análisis de los acontecimientos de aquella famosa semana de mayo, se me ocurrió tocar el tema de la libertad (porque la Independencia me pareció un valor demasiado lejano para la actualidad que vivimos en el país y hasta pensé que era tan morboso hablarle de ello a los chicos, como a un enfermo terminal, hablarle de los beneficios de gozar de buena salud. Entonces me dije: si no somos independientes, por lo menos reflexionemos sobre nuestra aparente libertad).

Me dispuse a hablar con mis chicos, y muy segura de mi misma, comencé la clase invitándolos a pensar “quiénes de ellos se consideraban libres y quienes no” La mayoría contestó que sí eran libres y cuando les pedí que fundamentaran esa respuesta algunos me dijeron que “somos libres porque no estamos en la cárcel”,otros agregaron “no estamos encerrados como algunos animalitos que viven en jaulas”.

-Muy bien- dije yo, pensando que la cosa estaba encaminada por el rumbo planificado..

Entonces agregué: ¿y cómo se sentirían si los encerraran?

Casi todos en coro, contestaron – “maaaal”. Casi todos, menos Nahuel, que me dijo:

-mi papá me llevó al zoológico y yo vi muchos animales. Mi papá me dijo que están ahí para que la gente no los mate a todos y así los chicos los podíamos conocer.

-Si!!- dijo Pamela- hay gente que mata a los animales. O a los pajaritos...como el que tengo en casa, que me trajo mi papá del campo para que lo curemos y ahora vive en su jaulita y nosotros le damos de comer para que esté bien.

-yo tengo un loro-dijo Wilfredo. Y varios asintieron- yo también-...

Bueno, el tema se me estaba complicando porque nunca fue mi intención poner en tela de juicio la actitud de los papás, que con tanto amor les habían comprado “una mascota”.¿Qué derecho tengo yo de criticar a un papá?¿hasta donde puedo llegar haciéndoles reflexionar sobre si su papá o los dueños de zoológicos hacen bien en tener encerrados animales?.

-Mejor derivemos esta conversación-pensé .-¿qué cosas nos perderíamos de hacer si estuviéramos encerrados?-.

- Y, de jugar- dijo uno- los presos no pueden jugar como nosotros.

-Porque los presos son grandes!- dijo otro.

-Muy bien- agregué- y a qué juego no podrían jugar si no fueran libres?

Por supuesto los varones enseguida respondieron-¡al fútbol!.

Ahí fue mi segundo momento de autorreflexión: ¿los presos nunca juegan al fútbol? Pero no quise complicar la situación y di esta respuesta como buen fundamento para seguir avanzando. Pero sucedió que...

-yo no puedo jugar al fútbol cuando quiero- dijo Cristian- porque mi mamá dice que en patio de mi casa rompo las plantas, y además tengo que hacer los deberes y ya después se hace de noche.

-Y claro-dije yo preocupada por lo que podía pasar si el comentario seguía y todos se daban cuenta de que Cristian tenía razón- a veces no podemos hacer lo que queremos en cualquier momento.

-Claro- dijo Nahuel- también hay que venir a la escueeela....-con un tono que me sonó tan a resignación!!!...

Por suerte saltó Alan con su muy bien aprendido- tenemos que venir a la escuela para aprender, porque si no cuando seamos grandes no vamos a saber ni leer ni escribir...

(Respiré aliviada de que fuera uno de ellos mismos el que explicara las bondades de la educación formal) Pero...

-Mi papá no fue a la escuela...él dice que aprendió solito a sumar y a restar-dijo Emmanuel.

-No, Emmanuel...alguien le debe haber enseñado pero él no se acuerda- contesté yo.

Traté de rumbear la clase para el camino de la libertad.

-¿todos los chicos pueden venir a la escuela?-pregunté yo. Pensando en nuestro indiscutible derecho a la Educación propio de un país libre.

-noooo- dijeron todos.

-algunos chicos tienen que trabajar limpiando vidrios o vendiendo diarios-dijo Diana.

-si, algunos revuelven la basura- dijo Pamela

-otros chicos, en Pompeya, donde vive mi tía, están todo el día en la calle ¡hasta duermen en la calle!- agregó Nahuel.

-algunos piden plata a la gente que pasa- dijo Braian.

-si, como mi primito que no puede caminar y tiene que pedir en la calle para que pueda comer-agregó Pamela.

Otra vez en un problema.¿cómo les iba a contar que por vivir en un País libre tienen derecho a la Educación?, ¿cómo decirles que tiene derecho a  una vivienda digna si muchos de ellos (un ochenta por ciento) viven hacinados en casillas, en la villa que está a la vuelta de la escuela?.

Intenté seguir con mi clase. Aunque el manualcito del docente nunca me dio las herramientas para salir de embrollos como estos.

-Bueno- dije yo- y ya que hace rato que estamos hablando del tema...¿quién sabe qué es la libertad? (ahora sí que iba a tener definiciones graciosas para compartir con mis colegas).

-La libertad es hacer lo que querés- dijo Nahuel muy decidido.

-Sí, seño...pero nosotros no somos libres- dijo Cristian.

-¿A no?- dije yo un tanto asustada-¿y por qué?

-y...porque no nos dejan ver tele todo el día, no podemos correr en el recreo, no podemos gritar en el aula...-explicó.

-Bueno, dije yo, eso no significa que no seas libre. Todo tiene una explicación: lo de no correr en el recreo es porque somos muchos en la escuela y si corren todos en este patio que es chico, alguno se puede golpear.

-si con el profe de gimnasia corremos y ninguno se golpea!-agregó muy fastidiado por escuchar siempre la misma explicación.

-Pero lo que pasa es que en la clase son menos...y por lo de ver tele todo el día, seguro que tu mamá lo hace para que puedas hacer tu tarea bien, y para que no te dañes la vista todo el día frente al reflejo del televisor. Además no siempre hay programas para chicos, ¿entendés?

-síi- dijo Diana- si hay canales de dibujitos todo el día. Cuando me quedo con mi abuela, puedo ver todos los dibujos que quiera, aunque ya sea de noche!.

-¿Y gritar en el aula? ¿A ustedes les gusta trabajar en un ambiente muy ruidoso? ¿o les gusta más cuando estamos callados y tranquilos, o hablando como ahora, o escuchando el cassette de María Elena Walsh que siempre escuchamos?- dije yo, muy segura de lo que mis alumnos pensaban...

-¡si seño, pero el otro día te traje el cassette  de Pibes Chorros y el de Damas Gratis y vos no lo pusiste!- me recriminó Facundo. Era verdad. Como  yo sé que “la música calma las fieras” se me ocurrió empezar a poner música en las horas de clase.- Probé con Enya, con Vangelis, pero a ellos les gustaba más el cassette de María Elena Walsh, así que opté por poner ése bastante seguido. Un día Facundo me trajo los cassettes que su tío le había regalado (de cumbia villera) y yo no tuve el valor de criticar el regalo de su tío, así que le dije que no era el momento de escuchar su música porque era para bailar y nosotros no estábamos bailando sino estudiando. Ahora comprendía que mi explicación no lo había conformado.

Decidida a que la clase tuviera un buen final, con una buena conclusión, traté de retomar el tema de la libertad nuevamente.

-Bien, dijimos que somos libres. ¿ y por qué está bueno ser libres?

-porque podemos estudiar- dijo Rocío.

-porque podemos jugar a lo que queremos- dijo Alan.

-porque no estamos encerrados- dijo Nahuel.

-porque podemos crecer y ser fuertes- dijo Héctor.

-Ah, pero si sos un ladrón te encierran y ya no sos libre- dijo William.

-Claro, por eso hay que hacer cosas buenas, hay que portarse bien, para que nunca perdamos la libertad que tenemos- concluí yo y ...salimos al recreo (sin correr, porque podemos lastimar a alguien, sin gritar porque en la escuela no se grita y hasta que la campana nos avise que el tiempo libre para jugar terminó...).

Conclusión:

         En este 25 de Mayo, realmente no sé que vamos a festejar. Por suerte algunas maestras prepararon algunos bailes folcklóricos y a mí se me ocurrió bailar una canción de Diego Torres – que es más escuchada que el himno- y que habla de seguir teniendo esperanza en este país.

         Por mi parte seguiré reflexionando acerca de la libertad y de tratar de que mis alumnos se sientan libres. Que por ahora ,en sus seis años de vida, no tomen conciencia que hoy más que nunca cuesta mucho sentirse libre, porque la realidad es la cadena más fuerte que te lleva a vivir situaciones de mucha angustia, de violencia externa, a pasar el día trabajando, (y aunque estés haciendo algo que elegiste por vocación no sos dueño de decir: hoy quiero hacerlo de otra manera, u hoy no quiero hacerlo).

No me gustaría que tomen conciencia de que los buenos no siempre triunfan, de que los abuelos no viven felices después de haber vivido una vida de esfuerzos, de que en las casas no se puede jugar porque son departamentos muy chicos para una familia o, como en el caso de ellos, una casilla no es tan confortable como una casa y diez personas no deberían compartir una casilla de dos ambientes con baño externo. De  que los chicos de la calle están ahí porque los políticos se tomaron la libertad de usar el dinero del país para beneficio propio...En fin, que no tomen conciencia por ahora. Ya tienen suficientes problemas en primer grado porque la seño dicta palabras largas, les da cuentas de más y de menos y no  alcanzan los dedos para contar más de veinte.

MARITA SABAS, MAYO 2002.