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 Un granito de arena, por Sebastián Cabeza  

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Un granito de arena

Por Sebastián Cabeza

Hoy llevaba a mi hijo al colegio, mientras me contaba una anécdota ocurrida durante una clase de historia.

Como parte de la anécdota, me contó que estaban hablando del período neolítico, cuando en cierto momento la profesora preguntó “y de qué eran las herramientas?”.

Los chicos comenzaron a contestar: de madera, de piedra, etc.

“¿Y de qué más?”.

Hasta que no dijeron “De metal”, no dio por buena la respuesta grupal.

Entonces yo lo interrumpí y le hice una objeción: ¿No es el neo-lítico la edad de piedra? ¿No se caracteriza ese período por el uso de la piedra pulida? ¿No es que el uso de los metales comienza en la Edad de los Metales?

Es un muy buen alumno, discutidor y defensor de sus puntos de vista. Me contestó que la Edad de piedra termina en el año 3000 a.C. con la aparición de la escritura. O sea: Del neolítico a la historia. Así lo están aprendiendo.

Mis conocimientos de historia son rudimentarios. Y me inclino poco por las humanidades. Más bien lo hago por las exactas y la biología. Pero sí recuerdo que neolítico = piedra pulida. No me saquen eso!

Llegué a casa (hoy hago “oficina” en mi hogar) y me puse a consultarlo “un ratito” por internet. (Mala costumbre, mejor los libros, pero es que es más rápido, pensé).

Me llevé una agradable sorpresa al hallar la “Edad de los Metales” mencionada en una página web, ubicada a partir del 6000 a.C.

Más allá de que voy a continuar una sana discusión con mi hijo, por supuesto, estuve revolviendo un poco el sitio, y realmente me agradó.

Leí el editorial del mes, y me pareció excelente. Y me dije: me voy a dar un rato para escribirle. Tal vez pueda sumar algún granito de arena.

Mi esposa es una colega agrónoma, que devenida en madre, al ir creciendo los chicos, para reinsertarse en la vida laboral y a su vez poder seguirles el rastro (al menos de lejos), resultó en algo intermedio: una agrónoma apasionada por enseñar. Ahora me comparte a mí la vida de docente y la problemática de la enseñanza. Y cada vez estoy más convencido de que la Argentina tiene que comenzar por allí. Más bien, los argentinos debemos comenzar por allí.

Quería aportar una reflexión, que me viene dando vueltas hace unos días, con la simple intención de sumar.

El “Que se vayan todos” es un claro síntoma de lo que le pasa a la sociedad en todos sus niveles. Los argentinos no queremos a los argentinos. Los argentinos estamos disueltos como sociedad.

En una sociedad, los socios se ayudan entre sí. Pero nosotros tendemos a pensar que nuestros “socios” argentinos, nos quieren perjudicar, más que ayudarnos.

Es sano y normal que haya pluralidad. Pero me parece que cuando la pluralidad se transforma en enfrentamiento constante, y éste se vuelve característico de la institución, hasta ponerla en duda, la misma desaparece.

Ya no respetamos códigos.

No respetamos las reglas del juego.

Hasta en lo más pequeño, como las reglas del tránsito. Muchas veces nos quejamos de que “están mal hechas”. Las ponemos en duda. Cuando ponemos en duda las reglas, se acaban los límites.

Éste es el PARADIGMA en el que vivimos.

Los paradigmas se aprenden. Y los animales aprenden básicamente por imitación.

Si la evolución genética se basa en la herencia, la mutación y la selección, la evolución de los comportamientos animales se basa en la imitación, la “ocurrencia creativa” y el premio/castigo obtenido.

Somos esencialmente un animal más.

Millones de años de evolución nos han traído hasta aquí aprendiendo por imitación.

La imitación de un comportamiento viene siempre ligada a una necesidad, que es satisfecha o no (premio o castigo).

La “cultura” acumula los mejores comportamientos, los que han dado más premios, la “evolución cultural” los ha ido manteniendo “en circulación”, descartando los menos útiles.

“Utilidad” es una palabra clave a la hora de aprender. Los animales no imitan, no aprenden, comportamientos que no son “útiles”, que no dan “premio”. Está en nuestros genes.

Por eso “enseñar con el ejemplo”. Por eso el “modelo”. Por eso el “ídolo” exitoso. Por eso el héroe.

Cuando se entrena a un animal para el trabajo, se lo debe ir modelando en un ambiente controlado. En ese ambiente se “fabrican” necesidades, y se “muestran” comportamientos a imitar para satisfacerlas. De ese modo el animal aprende los comportamientos como uno quiere.

La escuela debe ser un ambiente controlado. Las “necesidades” que se fabrican, son las consignas.

Controlado no quiere decir antidemocrático, como nos quieren vender algunos formadores de ideas.

Controlado quiere decir que no podemos entrenar un músculo a ritmo de competencia.

No podemos entrenar un animal de trabajo a ritmo de trabajo.

Es elemental.

CADA NIÑO NO PUEDE RE-CREAR TODA LA CULTURA EN CADA GENERACIÓN.

No podemos exponer a los alumnos a todos los golpes de la realidad, por más democráticos que queramos ser. Pues todavía están aprendiendo.

La ventaja evolutiva del ser humano radica en su cerebro, que es capaz de manejar “cultura”. La cultura evoluciona por encima de la genética.

La cultura es una cadena de aprendizaje de comportamientos.

Es una estructura que recibimos de la generación anterior, la ampliamos y la entregamos a la siguiente.

Para eso estamos. Debido a eso, estamos.

Los problemas y las grietas institucionales no se pueden aprender en la escuela.

Son “defectos” de la estructura que hay que mejorar.

Pero para mejorar la estructura hay que comprenderla, aprenderla, entenderla, conocer sus virtudes, quererla, admirarla, necesitarla.

Recién entonces, una vez logrado esto, criticarla y mejorarla. No antes.

Las instituciones son “estructuras” necesarias. La familia, la escuela, los ídolos, los héroes, todos son buenos ejemplos probados para imitar.

Los paros docentes son una de las primeras semillas que alimentan el PARADIGMA ARGENTINO de la disolución social. Ése es un mal ejemplo a imitar.

Debe aprenderse primero la ventaja de la unión social. El buen ejemplo.

Buen ejemplo para la unión social es dar más de lo que corresponde. Ese es el motor del círculo virtuoso de la unión social.

Esto no es menor.

Debemos mostrarnos buenos ejemplos, los unos a los otros, los argentinos a los argentinos.

Y aquí intervienen mucho los medios. La TV, la WEB, etc. Los medios de comunicación aceleran la evolución cultural, la posibilidad de “probar” nuevos comportamientos. Son “ventanas” que nos permiten imitar.

De allí que es elemental que lo que por ellos se muestre sea digno de imitación.

Pero eso ya, es para otro correo. Esto ya se puso muy largo.

Bueno, espero que mi rato de reflexiones les sirva de algo.

A mí ya me sirvió como forma de canalizar de algún modo lo que me pasa por la cabeza, en esta necesidad que tenemos los “animales humanos” de compartir lo que nos es útil, para sumarlo a la cultura.

Atentamente

Sebastián Cabeza

Ing. Producción Agropecuaria

Río Grande, Tierra del Fuego