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 Críticas Generales: Evaluación Docente y Calidad Educativa  

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EVALUACIÓN DOCENTE Y CALIDAD EDUCATIVA

 

Federico Martín Maglio

Enero de 2001.

 

El gobierno de la Alianza está elaborando desde el año pasado un sistema de evaluación y control de la calidad educativa para los docentes que determinará su salario. A mayores resultados, mayor salario. La iniciativa es la continuidad y profundización de lo iniciado en tal sentido por el gobierno anterior con la Ministra Decibe. Esta propuesta también se inscribe dentro de las recomendaciones elaboradas por el Banco Mundial para la educación de acuerdo a parámetros provenientes de las Ciencias Económicas de ideología liberal y postmoderna. Lamentablemente, nada tiene que ver con la educación en sí. Es que el liberalismo actual o “neoliberalismo” o como habría que definirlo realmente, neofascismo, considera a la educación como un bien negociable en el mercado como cualquier otro y sujeto a la ley de oferta y demanda. Los docentes son considerados trabajadores como cualquiera de otro rubro y evaluables (evaluar agentes en servicio) en sus conocimientos, aptitudes y resultados. Lo que sucede es que nuestro trabajo no tiene mucho que ver con otros en donde se puede evaluar al empleado que atiende al público o al operario que arregla la calefacción.

 

Los exámenes

El docente se tendrá que poner a estudiar de acuerdo a lo que le van a tomar siguiendo los lineamientos de programa previamente establecido. El error de concepto se debe a que el gobierno piensa que para mejorar la calidad del docente es necesario perseguirlo y estresarlo más de lo que ya está dentro de los parámetros de una sociedad competitiva-individualista. La realidad nos marca que el individualismo destruye la solidaridad y ayuda mutua y cualquier intento de trabajo grupal. Entonces, la práctica docente se inscribirá conceptualmente en las antípodas conceptuales de las ciencias sociales y sus disciplinas al no tener en cuenta a la persona y sólo interesarle los números cuantificables. Números que también están alejados de la realidad. ¿Cómo cuantificarán los logros alcanzados por los docentes en cuanto a la formación humana de actitudes personales en ellos y sus alumnos?. ¿De qué manera se evaluará la capacidad de relacionar conceptos y la actitud crítica aprendida por los alumnos?. ¿De qué forma incidirán las realidades socio-económicas?.

En esos exámenes se le tomará para ver qué conocimientos tiene, pero ¿sobre qué?. Sobre lo que le interesa a los neoliberales, que como sabemos, está muy alejado de lo que se necesita para educar.

Entonces, el docente no utilizará su tiempo para capacitarse ni para corregir los trabajos de sus alumnos ni preparar actividades ya que de los resultados dependerá su remuneración, la que necesita para vivir. Teniendo en cuenta los paupérrimos salarios actuales, no se puede más que imaginar una “lucha entre la vida y la muerte”. La competencia salvaje por la sobrevivencia, elevación del estrés ante la inminente situación a que se verá expuesto.

¿Esto significa que un docente se opone a este sistema porque tiene miedo?. No, un docente jamás debe tener miedo a una evaluación y mucho menos a la tarea de mejorar la calidad educativa ¡si para esto dejan su vida todos los días en las escuelas!. Los que tienen miedo no son docentes, son “colados en el sistema” para obtener, por ejemplo, una obra social.

La evaluación de la calidad educativa no pasa por tomar exámenes a los docentes. Al docente ya se lo debe evaluar en su formación, en las capacitaciones y en su tarea diaria. Aquí sí es posible trabajar en proceso si se hacen las cosas seriamente. Pero la experiencia nos dice que las falencias en los Institutos de Formación Docente son muchas y la mayoría de los cursos son sólo simulaciones de tal cosa y aparecen docentes con carpetones llenos de certificados que en su práctica son un desastre; y ni hablar de las realidades de nuestras escuelas que hacen imposible un seguimiento de la labor docente por parte de las autoridades; tampoco se tiene en cuenta que es imposible una autoevaluación en conjunto por el cuerpo docente de una institución.

 

Entonces, habría que preguntarnos:

¿Por dónde pasa la profesionalización docente?.

¿No es que el conocimiento se adquiere en un proceso?.

¿Cuál es el proceso que se tendrá en cuenta para las evaluaciones?.

 

Acá nadie habla de proceso, es una reedición del positivismo que toma examen de acuerdo a la óptica del evaluador, siempre subjetiva y / o basada en memorización de datos.

Si los salarios serán pagados de acuerdo al puntaje obtenido, entonces se debe tener en cuenta su inconstitucionalidad de acuerdo al artículo 14 bis que dice “igual remuneración por igual tarea”. También será reformado el Estatuto del Docente y no precisamente para el bien del trabajo de los educadores.

¿Cómo se puede exigir al docente que cobra un salario miserable si no le alcanza ni siquiera para comprarse libros?.

Un docente recargado de trabajo, ¿en qué momento podrá ponerse a estudiar?, ¿habrá función docente?. No es que se le tome lo que ya debería saber, sino que si seguimos los lineamientos de las evaluaciones realizadas a los alumnos del último año de la secundaria, entonces ya sabemos a qué nos enfrentaremos.

 

La calidad educativa

¿Cómo se medirá la calidad del trabajo de un docente?. ¿Es posible evaluar los resultados obtenidos por la acción de un docente?.

Y aquí nos encontramos con un problema: ¿A qué se llama “calidad educativa”, qué es?. Generalmente se identifica la “calidad educativa” con...

  • Los adelantos tecnológicos como tener muchas computadoras y acceso a Internet;

  • la exigencia de un establecimiento evidenciada en la cantidad de cosas que se piden y se toman en los exámenes evidenciada esta política en un “no todos pueden terminar allí”;

  • la enseñanza de otro idioma, generalmente el inglés, en horas extras; muchos establecimientos educativos privados lo ofrecen desde el nivel inicial;

  • el tener entre sus docentes a personas que se hayan destacado en algún campo del saber, escritores, políticos, ganadores de premios o becas internacionales, etc.;

  • el desarrollar métodos de enseñanza novedosos o diferentes al generalizado;

  • la enseñanza de valores “trascendentales” como pueden ser los establecimientos religiosos;

  • la obtención de un título que tenga “visos de salida laboral”.

 

Pero... ¿es así realmente?. ¿Para qué se educa a un niño, adolescente o adulto?, ¿qué objetivo tiene la educación institucionalizada?. Las respuestas a tales interrogantes no son fáciles de desarrollar. Pero podríamos comenzar por decir que son la sociedad y el individuo los destinatarios de la educación. Una persona debe aprender a relacionarse con las demás y consigo mismo de acuerdo a ciertas normas y leyes aceptadas por todos para hacer posible la convivencia. La familia y la escuela “construyen personas sociales” desde el mismo nacimiento. Entonces ¿qué debemos tomar en cuenta para hablar de “calidad educativa”?...

  • Cantidad de alumnos que ingresan y egresan del sistema educativo.

  • Tiempo que tardan los alumnos en terminar el nivel educativo (si lo hacen en el tiempo estipulado o tardan más).

  • Pertinencia de los contenidos de la enseñanza y el aprendizaje desarrollados en el nivel.

  • Si esos contenidos fueron aprendidos por sus alumnos.

  • La persona resultante (solidaridad, pensamiento científico, espíritu democrático, defensores de su patria, respetuosos de los derechos y obligaciones, no discriminar, etc.).

  • Escala de valores internalizada.

  • Impacto político, social, económico y cultural de la educación recibida sobre la persona y la sociedad (que pueda desempeñarse en aquellos saberes para los cuales se preparó).

  • Lugar que ocupan los docentes en la sociedad, que debe ser privilegiado.

  • Existencia de espacios institucionales para la reflexión de los docentes y su capacitación permanente.

  • Menor dependencia tecnológica del extranjero.

  • Aumento de la producción nacional.

  • Aumento en la venta de libros.

  • Aumento en la medicina preventiva de la población.

  • Mayor participación electoral.

  • Existencia de una política educativa coherente en todo el territorio nacional y, de ser posible, coordinada con otros países de la región.

 

Pero hay ciertos problemas que se deben tener en cuenta...

  • Los padres, en la mayoría de los casos, delegan la educación en la escuela cuando ésta no es más que un instrumento institucional que debe colaborar con la familia en el proceso educativo.

  • Muchas familias no existen como tales o tienen graves dificultades sociales para ejercer su rol.

  • Muchas familias no toman a la escuela entre sus valores más importantes y hasta se desentienden de ella o lo toman como una molestia porque “el nivel es obligatorio”.

  • Los gobiernos no toman en serio a la educación como inversión para el futuro. Se limitan a seguir “recomendaciones” de organismos internacionales más interesadas en lograr una hipotética “eficiencia económica y de recursos” sin tener en cuenta la formación de las personas.

 

Se debe comenzar a entender que la “calidad educativa” no pasa sólo por lo que hace el docente, también pasa por lo que hace la familia y el Estado nacional al respecto. El Estado tiene la obligación de garantizar una educación de calidad para todos sus habitantes y, en una sociedad capitalista, debe garantizar que todos los sectores sociales tengan las mismas posibilidades. Por ello es que la escuela pública y su defensa es de vital importancia para nuestro futuro como sociedad civilizada, justa y democrática.

 

Didáctica y pedagogía ¿para qué?

Entonces, ¿la calidad educativa pasa por un método de enseñanza?. No. Es un error considerar que llevando las concepciones de moda al aula la educación mejorará. Un alumno puede aprender constructivamente unos temas, pero otros alumnos y / o temas lo harán en forma conductista.

Lo que sí podría mejorar la educación es el desarrollar didácticas diferentes para que el docente las aplique cuando lo considere necesario de acuerdo a las características del contenido a enseñar y del medio. Es necesario atender la diversidad con los menores recursos posibles (los que tiene un docente y un establecimiento educativo).

Pedagógicamente hablando, debemos decir que no hay “un” método que sea más eficaz que otro. En determinadas circunstancias y con determinados alumnos, un método puede ser más efectivo que otro y no estar basado en amplias teorizaciones avaladas por escritores famosos.

La realidad es una y cambia todo el tiempo. El docente debe atender a tal diversidad de factores que se hace imposible e improcedente aplicar métodos y teorías preestablecidas en su tarea educativa. Las debe conocer para tener referentes en su accionar, pero el docente no debe comportarse como un robot llevando a la práctica recomendaciones realizadas detrás de un escritorio; él está en un aula e interactúa con seres humanos, cada uno con su personalidad. “Si realmente nos abocásemos a la tarea de ser sencillos, es probable que unos minutos de reflexión bastasen para hacernos comprender que cosas tan disímiles en su formulación como el constructivismo y el conductismo representan instancias normales del proceso de aprendizaje, válidas incluso en la simultaneidad, no excluyentes entre sí ni exclusivas de ninguna etapa del desarrollo madurativo. Veríamos, tal vez, que las teorías que asocian el aprender con la motivación interna no pueden aspirar a una eficiencia del cien por ciento, y que por ende necesitan complementarse con metodologías donde el interés del sujeto no sea tan determinante en los resultados. O quizás comprenderíamos que aún el aprender de memoria suele ser el mejor punto de partida hacia procesos de plena construcción del conocimiento” (Hugo Castellano, “Necesidad de lo Sencillo”, Revista “Contexto Educativo”, Nº 2, noviembre de 1999. http://contexto-educativo.com.ar ).

Si nos atenemos al criterio utilitarista de la calidad educativa (en la que se basan las recomendaciones del Banco Mundial), nos encontraremos con un sistema que entiende a la educación como programación, donde el sistema estará comprometido en formar sujetos autosuficientes, individualistas, objetivos, predecibles y con limitados conocimientos en cuanto a cultura general porque son los más fáciles de ser conducidos sin que pregunten hacia dónde. Por ello es que, entre otras cosas, se implementa el polimodal, que brinda una formación limitada y centrada en un campo de conocimiento con el objetivo de formar “para el trabajo”, sólo lo que necesitarán para lograr ser mano de obra con algunos conocimientos en temas específicos.

 

La productividad

Volviendo a la evaluación, el gobierno dice que evaluará a los docentes por su productividad porque la sociedad pide calidad. ¿A qué llaman productividad y calidad educativa los “neoliberales”?.

Actualmente, desde los gobiernos de Latinoamérica, se escuchan en forma permanente conceptos como eficacia, eficiencia, productividad, calidad, gasto, servicio, etc., todos conceptos que provienen de las Ciencias Económicas y utilizados bajo tales parámetros epistemológicos, muy diferentes a los didáctico-pedagógicos, antropológicos, psicológicos y sociológicos; entonces, las definiciones y utilización conceptual de la educación cambiarían radicalmente -y eso es lo que quieren lograr-. El “neoliberalismo pedagógico” niega el conflicto como constitutivo de los social, desprecia el futuro y el pasado y por eso niega la educación que es inherente al gesto utopista y la proyección prospectiva.

También nos dicen que la crisis educativa es una crisis de organización, gerenciamiento, de “manegement”. ¿Causas pedagógicas, políticas, sociales?... No, eso sería ser subversivo en una sociedad basada en el mercado libre donde los que “triunfan” tienen más y los que fracasan tienen menos (para el sistema imperante esto no debe discutirse). Esta es la lógica que “nos están metiendo” en la educación. Por ello es que debemos estar advertidos acerca del cambio en la definición del concepto EDUCACIÓN que nos quieren imponer.

 

Evaluar la calidad educativa: Conclusión

¿Cómo se evaluará la calidad del docente?, ¿de acuerdo a la cantidad de alumnos promocionados a fin de año?, ¿la cantidad de alumnos que tenga un establecimiento decidirá el salario de los directivos?, ¿cuánto más bajo el índice de deserción más alto será el salario?. Así lo único que se logrará es la ampliación de las mentiras y fraguado de documentación pública que tan alegremente existe en la actualidad (cambio de calificaciones para aprobar a todos los alumnos, no dar de baja por inasistencias, tener inscriptos alumnos “fantasmas” o “de palo”, etc.).

José, un docente amigo cibernético de Neuquen decía en un correo lo siguiente...

“¿Quieren pagarnos por productividad? Mostremos en serio qué es lo que producimos cada día...”.

“Mostremos cómo ellos producen changuitos hambrientos, padres sin trabajo, madres vendiendo canastitas de agujas (chinas) puerta por puerta, mostremos cómo ya muchos no podemos pagar cursos cuando los hay, mostremos los cursos recontratruchos que siguen vendiendo puntaje con la bendición de las autoridades... tenemos muchos para mostrar, tenemos la cara verdadera del país, no vivimos en una nube de porotos”.

 

Federico Martín Maglio

Enero de 2001