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 Docencia Universitaria, de Roberto F. Bertossi  

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DOCENCIA UNIVERSITARIA 

p. Roberto F. Bertossi[1]

Con el anciano y sabio Sábato nos podemos preguntar: ¿quiénes se quedan con los sueldos de los docentes?;  quienes se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados… no se puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuido a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de la audiencia, de los niños… ¡esta es la gran obscenidad!

¿Cómo vamos a poder educar si en esta confusión ya no se sabe si la gente es conocida por héroe o por criminal? 

En Argentina, cada año, desde el inicio del "año universitario" cobra preponderancia, relevancia y profusa publicidad, cierta recurrente conflictividad  en el ámbito de la docencia universitaria.

Regularmente, la causa de estas discrepancias pedagógicas se reducen a cuestiones salariales docentes que más allá o más acá de su legitimidad –o no-, postergan una vez más el interés general con cierta irresponsabilidad social gremial corporativa en algunos casos.

Acaso el ejercicio del derecho de huelga ("paro") sea al fin y al cabo el único argumento que logra alguna "atención coyuntural" a la cuestión educativa por parte de la Secretaria de Políticas Universitarias de la Nación?

¿Acaso "paran" los satisfechos?

¿Acaso actualmente, la universidad nacional no es otra cosa que la subordinación de todos sus aspectos a uno solo de ellos, esto es, el salarial?

Por cierto que no, es –y debe ser- mucho más que eso.

La Constitución Nacional garantiza el derecho de enseñar y aprender en tanto la educación es un valor superior, valía que cuenta con el mayor consenso social atento su grado de utilidad y aptitud para satisfacer las necesidades y proporcionar bienestar, inclusión, igualdad, universalidad y control social. 

Ahora bien, "si el interés es la medida de la acción, cómo asimila la sociedad las declamaciones, discursos y leyes Vg., 26.058 (Financiamiento Educativo) y  26.206 (Educación Nacional) de caras a una realidad de declinación de la educación puesto que,  ya nadie puede sostener seria y responsablemente que la educación, en la realidad argentina,  sea `una piedra angular"…

Ante la constante declinación de la educación universitaria debemos salir a revalorizarla con acciones concretas, contundentes en términos de excelencia asignando ahora mismo presupuestos adecuados y operativos –incluso mediante decretos, nunca tan necesarios como urgentes- acreditando sin titubeos, claramente, su prioridad nacional y federal…

Pero, en el vértigo de la administración nacional, todo es temible  y allí desaparece el dialogo entre las personas e instituciones; lo que escuchamos, lo que nos decimos son mas cifras que palabras, más información que novedad, más poder que educación (porque la educación puede cuestionar como nadie al poder); …así, entonces,  en este vértigo no esperemos, por que no se dan, ni  frutos ni flores[2] (tampoco universitarios).

En esa perspectiva, Gandhi, sostenía que "La verdadera libertad no vendrá de la toma de poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad. La libertad personal llegara inculcando a las multitudes la convicción de que tienen la posibilidad de controlar el ejercicio de la autoridad y hacerse respetar" y esto es educación, esto es más docencia universitaria, más investigación y mas extensión, mas y mucho más que las migajas actuales.

Adicional e impropiamente, por estos días, muchos establecimientos educativos en todos los niveles y grados del sistema educativo universitario argentino, no sólo deben proponerse alcanzar los objetivos curriculares, recuperar su autoridad, prestigio e influencia en el desarrollo personal intelectual sino que son presa de agudas distracciones  por escasez de infraestructura, de recursos humanos, didácticos y de capacitación.

Podremos sacar fuerzas de debilidades semejantes, fuerzas que no nos abandonen o deberemos resignarnos ante tanto analfabetismo y deserción escolar, ante el espiral virulento de la violencia familiar y social para admitir la ficción de Borges como una tremenda realidad en donde "el hombre se resignará cada día a empresas más atroces y que pronto no habrá sino guerreros y bandoleros" que por cierto –nada se equivoca Sábato- suelen concurrir asiduamente a programas de televisión como adalides con talento único para el desparpajo?

Que contradicción a la extenuada capacidad de resistir de los docentes universitarios cuando se les convoca a ser generosos, qué sesgadura de un presente que no hemos de admitir como absoluto, definitivo.

Decididamente, ante evidencias humanas e inhumanas donde pareciera crecer la pugna entre cierto pensamiento mágico y cierto pensamiento único, el deseo y la compulsión por lograr la eternidad del instante y del instinto; cuando tiende a consolidarse cierta declinación educativa y del Valor Educación; un claro desdén de la docencia universitaria; de caras a todo eso, nadie puede querer sino repotenciar la identidad nacional propia del ser argentino y esto, angularmente, sólo será posible en tanto el hombre viva y progrese íntegro e integralmente en el decurso cotidiano del tiempo presente, porque, finalmente, "el hombre no es más que lo que la educación hace de él",  (Inmanuel Kant, 1724-1804).


 

[1] Premio Gota en el Mar 2005

Investigador y Profesor Universitario.

[2] Ernesto Sábato, "La Resistencia", Pág. 121,

Editorial Planeta – Seix Barral, 2000